Hollywood en la literatura : Domingo loco ( Crazy Sunday) de Scott Fitzgerald

 

Fue Lupe Vélez, la guapa y suicida actriz mexicana, seguida por John Gilbert, el galán de voz fina e imposible para el nuevo cine sonoro, quienes comenzaron el abucheo. Scott una vez más hacía el ridículo y estropeaba su presencia en Hollywood. ¿ Masoquismo, gafe, o sólo el exceso de alcohol y unos deseos de llamar la atención le empujaban  a convertirse en un patoso borracho?    1931,  Scott ya no es el joven triunfador de 1927 cuando aterrizó en Hollywood invitado a trabajar en un guión de cine. El éxito del Gran Gatsby ya quedaba lejos y los felices veinte dejaban paso a la depresión de los años treinta, el país ya no estaba para flappers y jóvenes geentles. Tampoco Scott es el mismo, Zelda explotó en la locura y el alcohol hace estragos en el escritor. Se mantiene con sus relatos, pero ya no es el mismo, ahora se ha embarcado en un nuevo fracaso Suave es la noche, la larga novela que será despreciada por el público. Hollywood le abre nuevamente las puertas, Irvin Thalberg, el todopoderoso productor de la Metro Goldwyn Mayer, le invita  a unirse a la corte de  de escritores que ejercen de guionistas, Faulkner, Mcoy, o su amigo Nathanael West. Pero Scott es un individualista y escribir en colaboración de otros no le sienta bien. Trabaja en la Pelirroja guión que nunca se llevará a la pantalla.

Hollywood, las grandes fiestas en la mansión de Irvin. Allí está todo Hollywood. Los domingos entre rodaje y rodaje son aburridos en la ciudad del cine y los poderosos amenizan las tardes con fiestas en sus mansiones. Scott acude. El alcohol pasea en bandejas llevadas por camareros. Scott las caza al vuelo. Norma Shearer  se pasea guapa y anfitriona, simpática y mundana. Irvin la mira con ojos embelesados, ha sido su mejor adquisición, su mujer, la belleza de ella y el talento y el poder de él les hace encantadores, los perfectos anfitriones. Scott desde su ojos etílicos ve pasar simpáticos a los grandes de Hollywood.  Él ya es  un tipo derrotado, sí tal vez, pero es el creador de Gatsby,  él es aún un gran escritor, bastaba un cuento para alquilar un yate y dar una fiesta. Zelda, la hermosa Zelda superaba en belleza y encanto a Norma, pero también la superaba en locura.  La fiesta llega a su final, a Scott le han subido los grados de alcohol y anda eufórico. Alza la voz antes de que salgan los invitados y anuncia un numerito, ríe ante la expectación. Norma Shearer le observa coqueta e Irvin sospecha la catástrofe. Scott canta una estúpida canción, absurda, medio sosteniéndose en el piano, se ríe de sus tonterías. Es entonces cuando la guapa mexicana y el galán de Greta inician el abucheo. Scott enseguida notó la antipatía de aquellos estirados ídolos de Hollywood. Una vez más no sólo había fracasado en la ciudad del cine sino que lograba enemistarse con sus habitante.

Un año después Scott escribe su relato Domingo Loco ( Crazy sunday ) donde cuenta su numerito del piano. El relato se publicó en el American Mercury en Octubre de 1932, después de que varias publicaciones, entre ellas el Post, habitual de Sott, se negaran por sus alusiones al mundo de Hollywood.   No es uno de los  mejores relatos de Fittzgerald, si bien es interesante por mostrar sesgadamente el mundo de Hollywood en sus fiestas y tratar de disculpar su fracasada actuación en la fiesta ya mencionada por los efectos del alcohol. Se centra en la relación del joven guionista Joel Coles con el matrimonio entre un famoso director Miles Calman y su esposa  la actriz Stella Walker. La combinación de un director famoso y una estrella que gusta coquetear con todos en busca de admiración. Las relaciones complicadas de una pareja de cine, la vida de este guionista deslumbrado por la actriz y su esperanza de conseguir su amor.  Pero por encima de todo, lo más interesante de esta etapa de y de este relato es ver a un Fitzgerald que nuevamente arrastra su fracaso en la ciudad del cine, incapaz de adaptarse a los sistemas de trabajo y enfrentándose  a ese mundo que entonces dominaba la industria cinematográfica. Si la arrogancia de 1927,  en pleno éxito tras la publicación del Gran Gatsby, le granjeó pocas simpatías, ahora su alcoholismo y sus torpezas volvían a poner fin a su presencia en Hollywood.En 1937, en pleno derrumbe personal y profesional, regresará como su última esperanza, pero eso ya es otra historia.

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