Sueños de un seductor de Herbert Ross

Soy lo suficientemente bajo y lo suficientemente feo como para triunfar por mi mismo

De una manera o de otra nuestras inseguridades siempre acaban traicionándonos. En el mejor de los casos llevándonos a hacer el ridículo con un comportamiento un tanto patoso, en el peor paralizándonos e impidiendo realizar determinadas acciones y perdiendo oportunidades. Por muy prepotentes o arrogantes que queramos ser, ahí están y acabarán apareciendo. En aquellas noches aciagas en donde no sólo no alcanzabas el objetivo sino que ibas equivocándote continuamente y haciendo el más espantoso de los ridículos, siempre deciamos la misma frase, hemos empezado la noche en Humphrey Bogart y la hemos acabado en Woody Allen. Afortunadamente un temperamento y una inteligencia normal acababan superando todas estas cosas y alcanzas cierta  seguridad. Lo más divertido era, y seguramente sigue siendo,  las numerosas tácticas para eso que llamamos ligar, la cantidad de teorías, estratagemas  que se montaba la gente, al final evidentemente casi ninguna daban resultados, salvo la acción directa y arriesgarte mostrando el tipo que realmente eras, ni estrategias ni gaitas, pero todo el mundo buscamos siempre la manera de complicarnos la vida. La traición de nuestras inseguridades, el deseo de no hacer el ridículo, siempre acaban haciéndonos quedar como el peor de los tontos.

Sueños de un seductor va de esto, del neurótico clásico de las comedias de Woody Allen,  en esta ocasión un crítico de cine fanático admirador de Bogart y que acumula fracasos amorosos tras un divorcio traumático. Acompañado por los consejos de un imaginario Bogart intentará recomponer su vida sentimental con la ayuda de sus amigos …. Allen se muestra incapaz de conquistar a una mujer e intenta desplegar una serie de actitudes que acaban siempre convirtiéndole en un patoso que acumula ridículo tras ridículo. Y con un final a lo Casablanca ….

Divertida comedia basada en la obra  teatral Play it again Sam del propio Allen y dirigida en 1972 por Herbert Ross. La primera película en que trabajaron juntos Allen y Diane Keaton

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