Still Walking de Kore-Eda

A veces sentimos que hemos defraudado las expectativas que sobre nosotros había. Pocos hemos conseguido ser lo que nos propusimos, incluso a veces me pregunto si nos propusimos ser algo. Si al final simplemente no nos dejamos arrastrar por la inercia. Si la vida como nos la imaginábamos era esto. Si como decía Onetti al final la vida es lo que no puede hacerse con hombres sensatos y mujeres fieles, si deberíamos haber saltado a aquel barco y lanzarnos a otra cosa. No sé, Onetti se tiró media vida tumbado en la cama y escribiendo historias magníficas.  O si simplemente actuamos al contrario que aquel personaje de Felipe Alfau en Locos, que ansiaba una vida ordenada y siempre llevó una vida romántica, y nosotros siempre ansiábamos una vida romántica y nos vimos condenados a una vida práctica. Tal vez nuestros padres incluso estén orgullosos de nosotros o nos desprecien, o verdaderamente fuimos al desastre. Nadie es lo que soñó ser. Y ahora empezamos a sentir una extraña melancolía, una especie de queja silenciosa, nos engañaron, eso fue todo, nos engañaron, solemos decir . Tal vez sólo fue eso, nos engañaron, siempre nos han estado engañando. 

En Still Walking ninguna de las expectativas que se tenían hacia los hijos se cumplen. Y hay gente que estas cosas se las toma por la tremenda, los japoneses en esto parecen tranquilos pero las matan callando. 

Los pequeños núcleos de convivencia siempre nos muestran un universo que trasciende más allá de ese pequeño grupo. Still Walking del japonés Hirokazu Kore-Eda, nos muestra el núcleo familiar como centro de la acción pero al mismo tiempo sirve como muestra del enfrentamiento generacional, de la evolución de una sociedad que supera los viejos modelos tradicionales de la familia y de esa maldita sensación de defraudar a los padres . 

Esta película  muestra, con una calma precisa y un ritmo pausado, este enfrentamiento familiar , los reproches del padre, la sensación constante de fracaso del hijo, los intentos de agradar de una hija, la madre abnegada, cada hecho, cada palabra se reproduce en un clima de tensión que si bien pudiese llevar a una especie de cataclismo familiar, sin embargo se modera constantemente en una porción de gestos, de palabras precisas, de imágenes que van desvelando la incomunicación, la incomprensión y la soledad de los protagonistas. 

La sombra del muerto : como cada año, desde hace quince, la familia se reúne para conmemorar la muerte del hijo mayor, del heredero perfecto, el ejemplo, la rutinaria celebración se repite, las mujeres preparan cantidades ingentes de comida, caminan hasta la tumba, el muchacho, ya hombre, al que salvó, el hijo de ahogarse llega hasta la casa para mostrar su eterno agradecimiento, rutinaria conmemoración que tal vez ya carece de sentido pero que la tradición y el honor familiar exigen. Pero esta vez las cosas son distintas, el padre médico prestigioso, vive jubilado y el hijo aparece con una mujer divorciada y su hijo de su anterior matrimonio. El hijo que se negó a seguir la tradición médica, que optó por otro trabajo, que frente a la expectativas de su padre es un fracasado se va a someter durante estos días al reproche silencioso de su padre, que al mismo tiempo debe enfrentarse a las nuevas situaciones creadas, un muchacho que no es su nieto, una nuera que desprecia por su condición de divorciada. Durante toda la película el hastío, el fracaso, la incomunicación, la incomprensión hacia una nuevas formas de relaciones, hacia una nueva sociedad que en su evolución cuestiona los modelos tradicionales, se despliegan por esta magnífica película del japonés  Kore-Eda, que sabe muy bien tratar estos temas con la serenidad suficiente para que todas estas tensiones se mantengan en un calma que crea un ambiente más enrarecido si se puede. 

Esta es de esas películas que estallan calmadamente al final, según la vas viendo parece que no sucede nada, unas conversaciones, un quehacer diario, una preparación para una fiesta, un paseo, una tumba. Nada parece precipitarse, hasta que al final todo eso conforman ese universo de miseria moral, de tensión y de reproches, de frustraciones, una famila en descomposición con todo el dolor y la angustia, muy Chejov, de esas películas en las que sales en silencio, como haber asistido al espectáculo más triste del mundo.

Ahora se ha estrenado Kiseki del mismo director, también en los Golem ( Madrid )

 

Still Walking (Caminando) 2008

dirigida por Hirokazu Koreeda (AKA Hirokazu Kore- eda) 

protagonizada por Abe Hiroshi, Natsukawa Yui, You, Takahashi Kazuya,

Anuncios