Amor en tiempos de ruinas

Es un consuelo que en medio de las nuevas tecnologías del cine , de la estética de los video juegos, de las comedias casposas, del cine eminentemente comercial, puedan verse películas tan soberbias, intensas, melancólicas, tristes y sencillas como esta. Es un consuelo ver  actuaciones y miradas tan profundas como las de Raquel Weisz cuando lo que se impone es la pechugona macarra y hortera de Penélope Cruz o la sonrisa estúpida de la Aniston. Es un consuelo que alguien siga realizando películas tan sinceras y personales cuando todo es farsa y espectáculo.

El amor siempre es complicado,  es difícil saber cuándo y porqué sucederán los acontecimientos que nos pueden llevar a la destrucción o a la libertad. Hay una pasión infantil y estúpida que sueña con actos heroicos, un amor que sueña imposibles y se muestra siempre egoista, hay una idealización banal del amor, un amor que muere en la propia incapacidad de entender al otro. También hay un amor profundo que se cultiva en silencio y muere de agotamiento, de falta de pasión, ese amor que parece querer elevarse de manera imposible por encima de la propia carnalidad del sexo  de  la pasión y acaba feneciendo en esa desidia de camas separadas y de mantener la compostura; hay un amor carnal, sexual, pasional que nos hace sentir vivos pero que nos puede llevar a la ruina; hay un amor…, no sabemos qué amor y de qué forma nos lleva siempre a vivir a la deriva  buscando lo que no tenemos y encontrando lo que tal vez nunca debimos encontrar.

No sabemos nada y seguimos vagando en este mundo, hablando, buscando, queriendo sentir un amor a la medida; tal vez el amor, como dice esa singular casera de la película, sólo sea limpiar la mierda del ser querido cuando ya no puede valerse por si mismo, tal vez sea eso, tal vez en eso se resuma toda una vida repleta de amor, en ese sencillo acto, sin romanticismo, sin más que el profundo y auténtico amor.

Uno puede percibir, sentir las pasiones o el dolor de cada uno de los protagonistas de esta magnífica película. Como decían en Las reglas del juego de Jean Renoir, lo peor, es que todo el mundo tiene razón. Aquí no hay buenos ni malos, no hay más que tres seres a la deriva buscando simplemente vivir o simplemente sobrevivir y una mujer luchando por la posibilidad de ser feliz y amar en medio de el ambiente opresor y complicado de esa Inglaterra de la posguerra donde las viejas ruinas de la memoria siguen pesando. Tres seres, tres maneras de amar o de no saber amar. Y una soberbia Raquel Weisz dando vida a esa mujer que desafiará los convencionalismos sociales más arraigados y que desafiará incluso su propia vida, incluso asumirá su propia destrucción, para alcanzar la pasión en medio de un clima frío, oscuro, silencioso, donde las pasiones siempre parecen sospechosas y peligrosas. Una mujer que siempre mira más allá de los límites,más allá de los espejos, más allá de las ventanas, una mirada perdida hacia qué lugar. Bueno, al final, incluso en los momentos más difíciles de la vida, incluso en ese punto y final que nos acongoja, siempre queda esa ventana donde asomarse, esa ventana por donde parecen querer entrar los primeros rayos del sol de la mañana y darnos aún una cierta esperanza.

Una excelente película.

The Deep Blue Sea ( 2012)

dirigida por Terence Davies

protagonizada por Rachel Weisz, Tom Hiddleston, Simon Russell Beale, Ann Mitchell, Harry Hadden-Paton

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