Veraneos

Nunca tuvimos un verano del 42, ni Jennifer O’Neill  nos enseñó lo que era la vida. Nosotros soportamos a unos tipos que en nombre de no sé qué historieta de autoridad paternal y edad adulta andaban imponiéndonos sus normas y dándonos la tabarra. Había dos escuelas de padres, la pedagógica moderna de gente medio hippy y progre que siempre andaban dando pesadísimas explicaciones para que tomases conciencia de no sé que actos, cómo si nosotros tuviésemos conciencia, y la escuela típicamente española de gritos y amenazas. Yo siempre prefería esta última, en definitiva si venía uno de estos tipos en nombre de la paternidad a joderte tu concierto de guitarra en la hora de la siesta siempre le podías romper la guitarrita en la cabeza y darte a la fuga esperando a que escampara la tormenta.  Fueron veranos de pandillas, aventuras y aprendizaje. Nunca tuvimos un verano del 42, ni clases de orientación sexual, como ahora, así que empezamos a orientarnos como pudimos en aquellas noches de luna, mar y arena. Al fin y al cabo los veranos eran eso. 

Ahora, que el frío amenaza con paralizar nuestros sentidos,  toca recordar esos veranos de cine con Moonrise Kingdom, con Novio a la vista, con los veranos de Rohmer o los de Bergman y cómo no, con aquel inolvidable Verano del 42 .

 

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