Treinta años

Se habla mucho de la crisis de los cuarenta, de los cincuenta, es como una retahíla tan manida que ya cansa. Ni a los cuarenta,  ni hace unos meses que cumplí cincuenta sentí la más mínima crisis, salvo el aburrimiento vital habitual en mí desde que nací. Todo son pamemas de psicólogos y agentes de publicidad que siguen los estándares de la vida al uso y que llevan años dictándonos unos comportamientos  para tenernos cogidos por el cogote, que no nos movamos y nos demos al consumismo más dasforado en busca de la eterna juventud. Basta no seguir dichas directrices para no caer en esas crisis. La verdadera tragedia de la vida es cuando uno cumple los treinta años, ahí sí que sí, ahí se acabó el recreo, y ahora empieza el feliz mundo de los adultos responsables, ahora ya no hay marcha atrás ya no entras en lo planes jóvenes del gobierno ni en los descuentos de las tiendas, ahora el mundo ha cambiado, ya no eres el niño-a de veintaitantos al que se le permitía el descerebre propio de la edad . Los treinta no anuncian una crisis sino el derrumbe total, sí ya sé ahora los-las treintañeros-as andan contando batallitas y follan mucho, pero ni ellos mismos se tragan esas mentiras piadosas y autocomplacientes para ir asumiendo su fracaso. Se te ha pasado el tiempo y estás ahí anclado, consciente de que ya no hay retorno y que dentro de poco ya no serás nada como no espabiles, y para colmo los de la alegre pandilla se han ido casando y viven en no sé sabe dónde y andas más solo-a que en una película de Rohmer y sin pillar a alguien que comparta tus penas, en el trabajo no te pasan una porque ya no eres un becario y ya es hora de que aprendas a valerte por ti mismo, eres una auténtica ruina, aunque el espejo te devuelva una imagen juvenil, como decía Scott Fitzgerald la vida es un proceso de derrumbe, el crack up, y tú ya has iniciado el camino. Felices treinta.

Con Timothy Hutton sentimos el estremecimiento de tropezarnos con aquella niña de trece años algo precoz y que apuntaba un futuro prometedor como mujer . Es lo malo de nacer antes que las mujeres que prometen, llegamos siempre tarde, pero quién no se sobrecogió con aquella Natalie Portman adolescente, bueno yo todavía me estremezco con la Portmann post adolescente, juvenil y mujer, así que yo que el Hutton me hubiese esperado unos años, total cinco tampoco son nada y hubiese dejado a la abogada de Nueva York, los abogados son gente generalmente aburrida y que te sacan la ley en cuanto tienen oportunidad como si en la vida la ley tuviese alguna importancia. Yo entiendo a los abogados, el mundo es una mierda y no tenemos a qué aferrarnos así que por qué no a la ley, total recitar unos cuantos articulitos del Código Civil y La Ley del Divorcio siempre pueden arreglar una cita aburrida, y anunciar el futuro si la cosa va a más.

Esta Beatiful girls era como esa cosa de Reality Beats pero en pueblo y algo más profunda y sin la insoportable Winona Reader, ya sé que no debería meterme con la angelical siempre hippy y grunch Winona pero es que me carga, siempre me ha cargado, lo siento amigos ya se que a vosotros os van este tipo de individuas cargantes pero a mí no. Yo prefiero a Natalie Portmann o a Umma Thurman.

Pues aquí está, una peli más de reencuentro en el pueblo de origen y con los viejos amigos rondando la fatídica edad de los treinta y teniendo que tomar decisiones y asumiendo que ya no se es el alegre adolescente que ejercía de su majestad el señor del colegio o instituto, ya no eres nada, eres el tipo que se pasea por las calles de un miserable pueblo retirando la mierda de la nieve y soñando con tiempos que nunca volverán y añorando los viejos y confortables tiempos en que todavía fuimos alguien. Difíciles treinta, difíciles decisiones, difíciles caminos que tomar, todos andamos perdidos a esa edad conscientes de que ya no queda mucho tiempo y si encima aparece una adolescente precoz que nos tambalea lo poco que creíamos firme pues entonces el lío es mucho mayor.

Apenas recordaba esta película, entonces se estrenaron varias de este tipo, la he vuelto a ver en un pase de TV, y ya me he acordado incluso con sorpresa al descubrir que aquella niña de trece años, era casi lo único de lo que me acordaba,  era la Portmann. El resto pues eso los amigos, las dudas, el miedo al futuro, los amores contrariados, la Thurmann que aparece para alegrarnos el día, una buena colección de actores, la nieve en las calles, y una sensación bastante desoladora de los treinta años, por mucho que el final quiera ser un poco optimista, todos sabemos que la cosa irá rematadamente mal. Felices treinta.

Beautiful Girls (1996)

dirigida por Ted Demme

protagonizada por Timothy Hutton, Uma Thurman, Matt Dillon, Natalie Portman, Mira Sorvino, Lauren Holly

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