Los rostros del mal : Bienvenido Mr Hide

No sé si Stevenson era simplemente un moralista que nos advertía sobre las consecuencias de dejarnos llevar por nuestros instintos buscando el placer o si sólo denunciaba la hipocresía victoriana que reprimía los impulsos propiamente humanos. El caso es que al final quién acaba triunfando, imponiéndose es Mr Hide, el instinto del mal en todo su esplendor, sin conciencia ni sentimiento de culpabilidad. Hide testimonia la muerte de toda conciencia del bien, siguiendo la estela de Sade y anticipándose a la muerte de la conciencia moral de Dios que proclamaría Nietzsche.

El siglo XX y su continuidad en el actual supone el triunfo del mal, la muerte de cualquier atisbo de vieja moral queda sustituida por el impulso homicida, por los impulsos instintivos del ser humano en busca no ya de la redención sino del placer. El sentimiento de culpa es siempre mitigado por el beneficio obtenido,  por el placer o simplemente por el triunfo de nuestros sentidos más primarios. Ya no tienen cabida los valles de Josafat, los juicios finales ni la conciencia o el remordimiento ante las faltas cometidas, el siglo XX es el siglo de Hide, de la falta de toda conciencia ante el mal.

La literatura y por supuesto el cine han retratado esta falta de conciencia y la implantación en la sociedad del triunfo del mal en toda su extensión. La mujer como destructora ( la femme fatal) los nuevos delitos, la naturaleza humana como generadora del mal, la violencia gratuita de los jóvenes, el mundo de los negocios, los delitos y las faltas como forma de supervivencia, los grandes holocaustos. Ahí está el cine negro y sus pulsiones humanas hacia el delito, la violencia moderna sin sentido por el puro placer o simplemente guiados por los comportamientos rebeldes o vicarios provenientes de los nuevos medios de comunicación, el mundo de los negocios como espacios sin más ley que alcanzar las metas establecidas, la mujer como depredadora, los sistemas totalitarios en la destrucción de toda posibilidad de humanidad, la banalidad del mal con todas sus consecuencias.

Hide, aquella sombra dominada por el buenazo de Jeckill ,acabó liberándose de todos los corses, de la vieja moral y camina libre, el instinto del mal es imparable.

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