La vida es una tómbola

Cuando éramos pequeños mis abuelos nos llevaban con cierta asiduidad al Circo Price, que estaba entonces en la Plaza del Rey, al lado de la famosa y fantasmal Casa de las Siete Chimeneas, entre todos los números  del espectáculo había uno que me resultaba particularmente desagradable y eran los chimpancés vestidos de humanos, me resultaba un espectáculo tan grotesco que difícilmente podía soportarlo, aún ahora me repugna ver animales vestidos de humanos. Eso mismo me pasaba con las estrellas de cine infantiles, me parecían verdaderamente repelentes. Aquella época se pobló de niños y niñas que cantaban y asumían papeles casi de adultos, a mí francamente me repelían, no soporto las películas con niño, me resultan tan insoportables que nunca veo ninguna de esas. En aquella época aún quedaban algunos restos de Joselito y Rocío Durcal, empezaba Ana Belén y sobre todo triunfaba Marisol, ídolo de todas las niñas reviejas, relistas y repelentes del momento. Yo odiaba aquellas películas que de vez en cuando me tenía que tragar, me resultaban aún peor que los monos del Price. Aquella niña de voz ronca, canturreando y dirigiendo el cotarro me resultaba verdaderamente insoportable, aún más cuando tenía que volver a escuchar reproducida en la voz de mi hermana y sus amigas las estúpidas canciones de semejante niña. Confieso que fue la etapa más dura que yo he pasado en los cines, esa y cuando nos llevaban a ver Sonrisas y lágrimas una ñoñada musical que aún me tiene traumatizado, soy incapaz de ver un solo fotograma de esa película lo mismo que soy incapaz de ver a esa niña repipi de Marisol.

Cuando la transición Marisol, el ídolo infantil de los sesenta, salió desnuda en la portada del Interviú, allí empezamos a reconciliarnos con ella, ¿Por qué tuvimos que soportar aquella niña y no nos ponían a esa mujer en todo su esplendor?. Aún así el trauma sufrido en la infancia me llevaba a desconfiar y por encima de esa mujer desnuda aparecía el vozarrón de la repelente niña cantando aquella cosa de Tómbola, la vida era una tómbola, decía y a mí me tocaba aquellas tardes de cine la muñeca chochona en forma de Marisol.  Una pesadilla.

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