Mouchette

Bresson es al cine francés lo que Mozart a la música alemana o Dostoyevsky a la literatura rusa ( Godard)

No sé si a estas alturas hablar de Robert Bresson tiene sentido. Tal vez cualquier elección estética nos lleva irremediablemente a una elección ética. Tal vez somos lo que elegimos, somos según las opciones, las decisiones que vamos tomando en la vida. Nuestra manera de entender la vida es la manera que tenemos de entender la literatura, el arte, o el cine, o tal vez al contrario la manera de posicionarnos ante el arte es la manera que tenemos de posicionarnos en la vida. La literatura, el cine, el arte en general nos define, somos lo que vemos, lo que leemos y lo que en la medida de nuestro talento podemos crear. Vivimos en una sociedad de horteras, esto lo repito siempre, vivimos en el imperio de los horteras, que es el imperio de las apariencias, de lo superfluo, del ornato, de la presunción, de llamar la atención como forma de ocultar el gran vacío que hay detrás, por eso hay un modo espectacular de hacer cine o en general de entender el arte y por supuesto la vida. La vida se hace exhibición estúpida y desmedida y el arte simplemente se convierte en una colección de trampas formales envueltas en conceptos tan vacíos que apenas logran significar alguna cosa. Por eso hablar de Bresson da cierta sensación de marginalidad, de periferia, de soledad. Sé que hay mucha gente que ha visto, disfrutado de sus películas y que considera a Bresson uno de los grandes directores de todos los tiempos, pero sé que  es una minoría en medio de una masa que entiende la vida y el arte de otra manera. Pero este es un blog marginal, periférico, de apenas tres o cuatro lectores, no concibo ni la vida ni la creación como un espectáculo, no concibo la separación de la estética de un posicionamiento ético ante la vida y ante el arte. No me convencen aquellos que hablan de eclecticismo como forma de entender el cine, hay un compromiso cuando se habla de Bresson, como cuando se habla de Kaurismaki, o de Ozu o de Rohmer, hay un compromiso cuando se habla de John Ford o de Murnau , de Jarmusch o de Victor Erice, hay un compromiso cuando se asiste a ver una estupenda película de un desconocido director rumano como Martes, después de Navidad o de un español desconocido como Ignacio Oliva con esa sincera y dura Rosa de nadie y no las promociones al uso, y hay otro compromiso cuando se hace promoción de otros productos, no cabe el eclecticismo, no caben trampas ni estratagemas, sólo hay un cierto compromiso con una manera de entender el arte, el cine en este caso, y la vida, no cabe mezclarlo todo, no todo tiene el mismo valor.

A Bresson llegué a tiempo, y si digo esto es porque llegué con la edad suficiente para apreciar sus películas, a veces llegamos demasiado pronto a algunos directores, demasiado jóvenes para comprender su auténtica dimensión, yo llegué demasiado pronto a Bergman y después lo he ido redescubriendo. Llegué a tiempo con Bressón y aunque no es un director fácil enseguida captó mi atención. A veces Bresson sólo plantea interrogantes, a veces sus significantes abre múltiples significados, a veces todo su planteamiento teológico brota de repente pero esto nos da un poco igual. Bresson nunca alega directamente a nuestras emociones, en esto  casi sigue esa línea del teatro o de la estética del extrañamiento, de la distancia de Brecht, no emocionar, no implicar emocionalmente con estratagemas al espectador sólo mostrar con frialdad una sucesión de escenas que sean capaces de incitar a la reflexión del espectador, no cabe catarsis ni aspavientos . Pero esa aparente distancia, esa cierta frialdad es sólo una trampa, a mí las películas de Bresson me producen una profunda emoción, a veces una congoja difícil de explicar, en muchos casos no alcanzo plenamente la significación total de cada uno de sus planteamientos, a veces es demasiado teológico, pero eso no me importa porque siempre su obra es una obra abierta, en el sentido de Umberto Eco, es una obra para pensarla y emocionarse al mismo tiempo.

Podría haber elegido cualquiera de sus películas, las más conocidas, Picpocket, Diario de un cura rural, pero esta Mouchette me sigue emocionando cada vez que la vuelvo a ver. Bresson nos muestra casi sin palabras, casi en el más puro behaviorismo, el transcurrir de esta vida sin salida de esta joven, a quien le están robando la infancia y el cariño; una joven, casi una niña,  falta de amor y de cualquier posibilidad de disfrutar de su infancia. Bresson  nos muestra su vida y sus vicisitudes a través de las desnudas imágenes de su vida cotidiana, de su casa, de esa concentración de miseria, con una madre en estado terminal, un hermano recién nacido de quien tiene que ocuparse, de un padre violento y déspota, un pueblo en el que no acaba de encajar, una escuela en la que casi es una marginada, una situación que le lleva a ciertas respuestas negativas, arrojar el barro a sus compañeras, ensuciarse los zapatos antes de entrar en la iglesia, manchar la alfombra de la señora mayor, al tiempo que hay en ella un búsqueda de un afecto que desconoce, es esa escena de la violación que se abre a múltiples interpretaciones, película aparentemente fría en su composición pero dramática en su desarrollo argumental y con un final trágico resuelto casi como un juego  infantil, como único destino posible. Es una película para los que aman el buen cine, el bueno de verdad, sin trampas ni concesiones a un público acostumbrado a otras cosas. En estos miserables tiempos que vivimos, en estos malos tiempos para la lírica, Robert Bresson sigue siendo uno de los grandes y un refugio.

Mouchette ( 1967)

dirigida por Robert Bresson

protagonizada por
Nadine Nortier

Jean-Claude Guilbert
Maria Cardinal
Paul Hebert

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6 Comments

  1. Excelente texto, tanto en su análisis de la película como en la reflexión sobre el arte y la sociedad actual. Es importante eso que dices de llegar a ciertos autores demasiado temprano, algo muy pocas veces tenido en cuenta, y que a veces es trágicamente decisivo en el devenir del gusto para una persona, pues achaca su desconexión con el autor al autor y no a su incapacidad como espectador en este caso. Por suerte yo estoy descubriendo a Bresson ahora, con una cierta experiencia cinéfila ya recorrida, y lo estoy disfrutando mucho.

    1. Creo que uno de los errores tanto de la enseñanza de la literatura como del arte, incluido el cine, es acercar a los jóvenes a determinadas obras demasiado pronto, eso hace que vean en determinados autores como un auténtico tostón. Creo que cada cosa tiene su edad, es cierto que cuando eres joven sientes curiosidad por un montón de directores y te acercas a ellos sin poder alcanzar su dimensión total. Habría que aplicar la correcta pedagogía a la enseñanza del cine.

      Un saludo, muchas gracias por tu comentario.

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