La narrativa de Hopper

Cuando Monroe Starr, el productor protagonista de la novela inacabada de Scott Fitzgerald El último Magnate , intenta hacerle comprender la importancia del cine y la construcción del guión al escéptico escritor inglés Boxley, es capaz de describir, plantear en una sola escena una intriga que consigue enganchar la atención del inglés, basta un planteamiento, apenas unos gestos,  unas palabras para crear una situación. Cuando contemplamos muchos de los cuadros del pintor americano Hopper nos situamos en el mismo escenario, apenas si tenemos una escena, unos personajes fijos atrapados en el tiempo, inmóviles, no hay acción ni podemos establecer un significado concreto, asistimos a una serie de fotogramas aislados, que en principio no pueden concretarse en una historia pero que es el inicio de una serie de relatos posibles.

Como aquellas fotos que el pequeño Antoine Doinel robaba de los cines en los Cuatrocientos golpes, como aquellas fotos que mirábamos  en los cartelones de los cines de sesión continua cuando éramos pequeños y nos anunciaban un mundo lleno de posibilidades y aventuras, los cuadros de Hopper anuncian la posibilidad de ir creando una ilimitada cadena de relatos a partir de sus cuadros. Tal vez toda historia, toda trama, se inicia siempre a partir de una imagen que nos hace plantearnos numerosas interrogaciones, una intriga que nos llevará a intentar crear todo un mundo de ficción a partir de ella.

Ya se ha hablado mucho y con precisión de la influencia mutua entre la pintura de Hopper y el cine, se han comparado fotogramas de múltiples películas y sus cuadros, incluso decorados que fueron utilizados a partir de sus paisajes. Pero los cuadros de Hopper nos producen siempre una cierta inquietud, una especie de principio, nunca de ese final que toda obra pictórica encierra en sus cuatro lados del lienzo. Los cuadros de Hopper siempre plantean un principio de carácter narrativo, es la invitación a trazar una trama, son inquietantes en ese sentido, como el escritor inglés de la novela de Scott no podemos dejarnos de preguntarnos qué sucede, cómo termina, qué ha pasado y qué puede pasar, y como el inglés sólo encontramos la misma respuesta por parte del productor, sólo estaba inventando una película. Hopper nos coloca de espectadores ante una posibilidad, somos unos invitados que tenemos que crear nuestra propia trama a partir de los elementos pictóricos. No basta captar los sentimientos, ni el simbolismo, sino que es una invitación en toda regla a trazar nuestro propio relato, nuestra película. Por eso nos gusta tanto Hopper.

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