El incendio de Roma

Aquellos  curas de mi colegio eran unos ingenuos, aún confiaban en que a base de películas que exaltasen la fe y el sacrificio de los primitivos cristianos o el deporte podrían encauzar a aquella cuadrilla de cabronazos que éramos. En clase de gimnasia nos ponían a veces documentales, sobre todo las cinco copas de Europa de Real Madrid, algunos combates de boxeo, recuerdo aquel magnífico entre Alí y Foreman, en fin no me voy a dejar llevar y empezar a hablar de boxeo, pero qué combate . En el cine del colegio, los sábados solían poner los consabidos espaguetis westerns, comedias , una buena porción de clásicos, gracias por poner aquellas películas de John Ford, y entre tanto  todos los años Quo Vadis o la Túnica sagrada por aquello de despertar nuestros más profundos sentimientos religiosos . Nosotros preferíamos Quo Vadis con aquella arena del circo llena de desperdicios y carne que parecía el jardín de un adosado hortera después de una barbacoa. Quo Vadis era lo mejor en cine de exaltación religiosa, había un loco que tocaba la lira mientras prendía fuego a Roma, nosotros aspirábamos también a quemar cualquier ciudad si nos daban oportunidad, salían esclavas cargadas de erotismo que llenaban nuestras fantasías,salía la mujer del César que era un zorrón , salía una cursi rubia a la que deseábamos  que destrozase aquel toro en el circo, salían fieras salvajes que hacían de las suyas y despertaban nuestros instintos sádicos  . A nosotros todo eso de los cristianos nos daba igual a nosotros sobre todo lo que más nos gustaba era ver arder Roma. Después intentaron exaltar nuestra fe con otro tipo de películas, pero aquello de Molokai lleno de leprosos era en blanco y negro y muy antigua, nosotros siempre preferimos Quo Vadis, que ardiese Roma y escaparnos con algunas esclavas a la isla de Capri

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