La belleza inútil

Nada más perturbador que la belleza de una mujer. Allí por donde pasa causa estragos. La belleza de una mujer  es siempre destructiva, nos llena de inquietud y lo altera todo. La belleza de una mujer no es una belleza contemplativa, no basta con admirarla sino que nos lleva a lo más profundo de nuestro conocimiento, nos lleva a tomar conciencia de lo que somos, de lo que no somos, de lo que anhelamos y de lo que , tal vez, nunca podremos conseguir. La vida se torna cruel cuando se presenta una mujer en toda plenitud de su belleza, sabes que es una jugada en la que tienes que arriesgarte porque si la derrota será amarga el triunfo será único, pleno de satisfacción. La belleza de una mujer siempre es conflictiva, donde está ella se suceden los combates, los enfrentamientos, la más de las veces silenciosos apenas perceptibles y en otras escandalosos y violentos . Donde aparece la belleza de una mujer no es posible la paz.

Es bien conocida esta obra, la hemos visto en más de una ocasión representada sobre un escenario, la hemos leído, sus personajes ,Vania , Elena, Sonia, el Dr Astrov, Serebriakov, son bien conocidos. El deseo y la realidad que se impone, el fracaso, la vida atrapada en monotonías inútiles, el amor imposible, la muerte, el paso del tiempo, la soledad , cruzan toda la obra dejando ese eco de infelicidad que llega a  abatirnos. Las grandes obras siempre nos ponen frente a nosotros mismos, frente a nuestra propia realidad, las grandes obras siempre nos abren la posibilidad de reflexionar sobre nosotros mismos y en esto Chejov a veces es cruel.

Louis Malle siempre me ha parecido un director arriesgado, un director al que no le importa comprometerse si es necesario, sin concesiones ni a la industria ni al público. Vania en la calle 42, es una excelente película, y digo película porque lejos de lo que en principio puede parecer no es teatro filmado, los logros de esta película es que es cine y del bueno. Difícil pensar que algún director que no fuese el francés diese un paso tan arriesgado como este.

Reunidos en un teatro medio en ruinas de la calle 42 un grupo de actores con su director al frente se aprestan, en un escenario vacío ,con sus ropas de calle y sin más apoyo que un pequeño mobiliario de atrezo, a representar Tío Vania  . Malle capta toda la intensidad de los sentimientos de los personajes del dramaturgo ruso, en toda su dimensión verbal pero ahora, gracias a la cámara, acompaña la palabra con el gesto, ahondando aún más en la trascendencia de cada parlamento . Una buena colección de actores,  cada uno en su papel y destacando la contenida Julian Moore en ese papel de Elena, causante, con su fría belleza, con su inútil juventud y hermosura, todos los acontecimiento, su presencia despierta todos los viejos sentimientos dormidos, despierta la conciencia del fracaso, de la soledad, de la vida inútil, del amor que nunca será posible, una belleza que acaba sumiendo a todos en un mórbida pereza que les arrastra irremisiblemente hacia la destrucción de una inútil rebelión . Elena es la belleza estéril,  la belleza que acaba pereciendo en un matrimonio desigual, una belleza sacrificada inútilmente, una belleza contemplativa carente de cualquier acción que pueda devolverla la vida. Elena es la belleza malgastada, perdida para siempre en la nada, una belleza sin alma.  Y Vania es Vania, el tío Vania, tal vez, un poco nosotros mismos, nuestro fracaso.

Una magnífica película para los amantes del teatro de Chejov y del cine.

 

 Vania en la calle 42 ( 1994)

dirigida por Louis Malle

protagonizada por Julianne Moore , George Gaynes, Brooke Smith, Wallace Shawn, Larry Pine, Phoebe Brand

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