Con Cabrera Infante en Nueva York *

 

Ilustración de Fernando Vicente

Sólo era cuestión de tiempo que me encontrase con Cabrera Infante. Compartimos tres cosas, el amor al cine, a las mujeres y a los cigarros habanos, los placeres de la vida sólo están reservados  para los buenos aficionados al cine y a  la literatura. Y en eso Cabrera Infante y yo ganamos a cualquiera. La primera vez que fui a Nueva York me llevé unos cuantos Montecristos, hubiese preferido claro está unos Cohibas, pero el dinero a veces se porta mal con los gozadores de la vida. Después de cenar íbamos a una licorería donde tenían sala de fumadores, allí siempre estábamos los mismos, dos japonesas, un escritor con pintas de asiático, mi mujer y yo. Cuando encendí ese habano y su aroma se expandió, el escritor chino aspiró tan profundamente que se llevó todo el humo que aún flotaba en el ambiente. Se quedó absorto, como flotando. Ese no es de aquí dijo en un inglés casi imperceptible, no, es un habano, su majestad Montecristo, le invité a uno, entre los viciosos y los gozadores no se puede ser tacaño y estos  placeres compartidos con una copa y una buena charla siempre son más gratos. Entonces me acordé de Cabrera, de estar allí , hubiese tomado la palabra, hubiese contado un montón de anécdotas de G Robinson, del Cagney, de Bogart, de Huston de Wells,  nos hubiésemos dejados envolver en su prosa y entre el humo de los habanos y los efluvios del ron dibujar las siluetas de Rita y de Ava, de Gene, de Bárbara y de tantas otras mujeres hermosas, contemplaríamos gozosos las cabalgadas de la caballería de Ford y los callejones del sueño eterno, los ojos de Bacall a quien sin duda silbaríamos porque la necesitábamos siempre y de madrugada buscaríamos a Audry por la Quinta Av.   Sólo un cigarro habano es capaz de despertar las esencias de la vida. Una charla de amores perdidos, de amores encontrados, de la belleza de todas las mujeres del mundo. Las viejas historias de los tugurios habaneros, de los tugurios de Madrid.    Los placeres de la vida se concentran en ese humo que asciende hacia el cielo en busca de todas las historias hermosas de la vida.

* Esto es una ficción.

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2 Comments

  1. Que bien refleja ud. lo que inspira un buen cigarro habano, Amí me suele pasar, me traslada cuando los fumo en soledad, deleitandomé con sus caprichosas volutas de humo ascendente que en el aire dibujan esas figuras casi siempre desiguales que tanto nos place su ascensión hasta que se pierden por ley natural.
    Cada mañana agradezco cuando me despierto de saber que un día más volveré a degustan mis habanos. Me quedo con su frase de:” Sólo un cigarro habano es capaz de despertar la esencia de la vida”.

    saludos de un fumador de habanos que hace lo que puede ( por mucho que nos lo impidan) y sigue degustandolos.

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