Madrid*

El misterio de la Puerta del Sol (1929) de Francisco Elías, primera película sonora realizada en España

Madrid es la ciudad que muchos ignoran, y no digo que no la tengan presente en sus pensamientos sino que frente al localismo paleto desarrollado hasta el extremo de caer en un nacionalismo ridículo, frente a la ciudad provinciana, o al mundo rural, muchos piensan que Madrid es una ciudad sin personalidad, una amalgama de gente foránea que hace que Madrid carezca de una serie de rasgos característicos que la definan y se convierta exclusivamente en una ciudad administrativa o de ocio para que provincianos vengan a ver los musicales de la Gran Vía. Para otros Madrid es simplemente una ciudad hortera o la corte de antaño donde toda ambición es bienvenida. A mí los localismos y estas historias me importan bastante poco, el localismo de tipismos y estereotipos no me interesan, porque una cosa es lo local que se afianza en lo universal y otra cosa es el tipismo paleto y reconcentrado en la boina o en los bailes regionales. Lo local trasciende sus límites cuando se hace universal, La Viena de Max Ophuls, de Roth, el Nueva York de Allen, el París de la Nueva Ola francesa, la Cataluña de Pla, de Marsé o de Boadella  o el Madrid de Baroja, de Valle Inclán, de Ramón Gómez de la Serna, de Neville, de Jardiel , de Nieves Conde, de Berlanga, de  Almodóvar o Colomo, trascienden lo paleto del tipismo más trasnochado y se hacen  universales.

En Madrid se ha desarrollado un cine, una tipología de cine que enlaza con las mejores tradiciones de nuestra literatura y de nuestro arte. El cine madrileño, que nada tiene que ver con el cine que se puede rodar o producir en Madrid, sino que hay un cine típicamente madrileño con unas características que lo hacen único y reconocible.  No sé si se puede hablar de un cine parisino o berlinés, pero sí hay un cine madrileño que aúna una serie de géneros y tradiciones.

Hablar de cine madrileño es hablar  del sainete como forma estructuradora de este cine. El sainete nacido el siglo XVIII con Don Ramón de la Cruz y que continua hasta el siglo XX en el que Arniches lo perfecciona y crea todo un lenguaje de sainete, un lenguaje que luego unos tipos cada 15 de Mayo se empeñan ridículamente en reproducir sin saber que lo de Arniches es pura literatura, elevación y creación literaria a partir de ciertos giros locales. El sainete como comedia coral de tipos y ambientes populares  , de antihéroes cotidianos que luchan por sobrevivir , es uno de los factores más importantes que han influido en el cine madrileño, pero no podemos olvidar otras corrientes que van desde el expresionismo de Gutiérrez Solana en sus pinturas y en sus escritos, el realismo de Galdós y Baroja, el esperpento de Valle Inclán y el humor de las vanguardias a través de Ramón Gómez de la Serna .

Cuando en la década de los treinta se puede empezara a hablar ya de un cine moderno con la llegada del sonoro y con la implantación de cierta industria cinematográfica, todas esas corrientes literarias y artísticas ya han ido cuajando en los hombres que protagonizarán el cine madrileño. Arniches había elevado el sentido popular de Madrid a categoría literaria e iniciaba una serie de comedias grotescas que recogía el espíritu regeneracionista del 98, La señorita de Trevelez , Valle Inclán trazaba un Madrid esperpéntico de Callejón del gato y espejos en sus Luces de Bohemia, Baroja trazaba un realismo duro y negro en su trilogía de La lucha por la vida, con La busca como gran novela,  que recoge la periferia social de la vida en Madrid, El expresionismo de Solana y sobre todo las vanguardias con Ramón Gómez de la Serna como iniciador y divulgador del cine con esa gran obra que es Cinelandia. Los movimientos de vanguardia transforman toda la tipología de lo local trascendiendo un tipismo de organillo y chulapona a un casticismo universal. Madrid no aparece ya en sus estereotipos del castizo al uso sino como una ciudad moderna, en donde cualquier referencia local es esencialmente moderna, La Venus mecánica de Díaz Fernández, La Nardo o El Chalet de la rosas de Ramón Gómez de la Serna, La tournee de Dios de Jardiel, o Don Clorato de Potasa de Neville son novelas madrileñas totalmente modernas. Pero sobre todo la vanguardia impulsa el cine como nuevo arte, desde las páginas de la Revista de Occidente o más especialmente desde La Gaceta Literaria de Giménez Caballero en la que se reúne todos los principales escritores españoles del momento, desde los Ultras como Guillermo de Torres, Jarnés, Arconada, Ramón, el 27, y sobre todo Buñuel que junto a Giménez Caballero impulsan la creación del Cine Club, en el cual se proyectará  Esencia de Verbena una de las películas documentales que aúnan madrileñismo y vanguardia desde una óptica muy ramoniana en la estela de su obra el Rastro, dirigida por Giménez Caballero.

Ramón Gómez de la Serna en Esencia de Verbena de Ernesto Giménez Caballero

Es hacia finales de la República y antes de la guerra civil cuando una incipiente industria cinematográfica empieza a funcionar , CIFESA, o CEA, o Filmófono de Buñuel comienzan una cierta producción estable. Películas como El malvado Carabel de Neville, o Don Quintín en amargao de Luis Marquina o ese estupendo musical que es La verbena de la Paloma de Benito Perojo se producen en esos años. Durante la guerra los documentales son la tónica habitual del Madrid republicano aunque aún se acaba esa extraña película que es Carne de fieras melodrama anarquista de Armand Guerra ambientada en la Casa de Fieras del Retiro, en la zona franquista se produce y se rueda en Italia Frente de Madrid de Edgar Neville que retrata las actividades de una joven falangista de la quinta columna madrileña. Durante la posguerra la estupenda Rojo y Negro  de Carlos Arévalo reflejará un Madrid de retaguardia, quinta columna y checas.

Es el fin de la guerra cuando la producción industrial se afianza siendo CIFESA sus principales estudios. Pero sobre todo va a ser Edagar Neville quien realice el cine de ambiente madrileño y dentro de un sainete renovado por los aires vanguardistas y por su paso por Hollywood  el que mejores comedias madrileñas realice en ese momento, La Torre de los siete jorobados, una de las pocas películas fantásticas de ese momento que retrata una ciudad subterránea bajo el Madrid de los Austrias, Domingo de Carnaval con un carácter expresionista que lo acerca a la pintura de Solana ambientada en el Rastro, El crimen de la calle bordadores, El último caballo una especie de manifiesto contra un progreso que pone fin a toda una época más humanizada o su último trabajo Mi calle, el devenir de los vecinos de una calle de Madrid, seguramente esa calle Trujillos donde tenía su casa de la infancia y en donde también vivían mis abuelos,  durante el siglo XX. Neville actualiza el sainete con un toque moderno pero sin renunciar a sus esencias, humor, ternura, ambiente madrileño y popular, tipos característicos,  protagonismo coral, que hacen del cine de Neville un cine que teniendo su ambientación en el Madrid más popular lo hacen universal y moderno.

Domingo de carnaval de Edgar Neville

En España no hay neorrealismo en el sentido del cine italiano, por mucho que digan, no lo hay, en España hay un realismo de tipo social incluso costumbrita que viene de esas corrientes de las que ya he hablado, sainete, realismo de Baroja esperpento de Valle Inclán. Siempre se habla de tendencias extranjeras acoplándolas a España. En los años cuarenta, cincuenta en España se desconoce el neorrealismo, incluso de Sica se marchó desilusionado porque nadie entendía sus propuestas. Nieves Conde desconoce el neorrealismo cuando realiza Surcos, y la mayoría de los directores lo mismo. Siempre se ha hablado del Último caballo de Neville como la primera película neorrealista española, qué neorrealismo,  Neville sigue la tradición más española y sobre todo más madrileña, España tenía una tradición realista que hacía que se llegase a propuestas que nada tenían que ver con los italianos. Además era imposible seguir la vía de una denuncia social con la claridad de los italianos. El último caballo de Neville es una comedia dentro de lo que sería el realismo con bastantes tintes sentimentales incluso se adelantaba a un cierto ecologismo denunciando la destrucción de un concepto de ciudad más humano. El realismo es un género muy español ya sea  en sus vertientes más amables, como el sainete o la comedia, o en sus vertientes más pesimistas. Lo mismo sucede con el humor, las comedias españolas van desde el sainete amable al humor más negro y disolvente de quien Azcona sería un gran maestro. Es en los años cincuenta cuando una serie de películas retratan ya desde las vertientes más negras del realismo o desde ese humor más corrosivo la vida madrileña de entonces. Esa pareja feliz de Berlanga-Bardem que sobrepasa lo tradicional del sainete e introduce un humor más corrosivo y un punto de crítica social y sobre todo Surcos del falangista Nieves Conde mostrando la realidad de los bajos fondos de una ciudad en medio de un régimen que se mostraba como la reserva espiritual de Europa. En esa vía ya de la crítica social  se encuentra El inquilino del propio Nieves Conde, La vida por delante de Fernando Fernán Gómez o El pisito o Los chicos de Marco Ferreri con guión de Rafael Azcona. En otro sentido vemos una serie de tipos populares en su devenir por la gran ciudad entre la crítica social y el humor negro, Mi tío Jacinto de Vajda o Segundo López aventurero urbano de Ana Mariscal, El cochecito de Ferrari o la magnífica Atraco a la tres de Forqué ya en los inicios de los años sesenta.

Surcos de José Antonio Nieves Conde

Pero al tiempo que se iniciaba este realismo crítico una línea típicamente arraigada en la comedia costumbrista y en el sainete seguía funcionando, Manolo Guardia Urbano de J Salvia, Los ángeles al volante de Iquino o Historias de la radio de José Luis Saenz de Heredia, esta línea seguirá en los años sesenta con Las chicas de la Cruz Roja de J salvia, Las chicas de azul de Pedro Lazaga, o una línea de picaresca como Los tramposos de Lazaga. En todas ellas aparece un ambiente madrileño dentro del desarrollismo, la comedia y el tipo popular que tan bien daría un actor como Toni Leblanc.

Sería Luis García Berlanga quien daría un giro importante a la comedia y al sainete, manteniendo muchas de las características de este lo supera a base de un corrosivo humor que ya no muestra la realidad de forma tan amable, a las ya citadas arriba se une su Novio a la vista o esa obra maestra del humor negro que es El verdugo.

De las promociones de los años cincuenta de la Escuela Oficial de Cinematografía surgiría el llamado Nuevo Cine español, que haría también de Madrid su centro de actividades. Carlos Saura con su incursión en la crítica social retratando la marginalidad en Los golfos, o Manuel Summers en esa estupenda película más dentro dentro de un costumbrismo renovado que es Del rosa al amarillo y como no podía ser de otra forma nos encontramos a Angelino Fons llevando a la pantalla La busca de Don Pío Baroja. Saura retrataría esa extraña burguesía del Barrio de Salamanca en Cría cuervos con una impresionante Ana Torrent o Mario Camus con Los pájaros de Baden-Baden basado en un relato de Ignacio Aldecoa en el que narra las vacaciones madrileñas de una joven de la burguesía. Incluso una película de ambiente provinciano como Nueve cartas a Berta de Patino mostraba un Madrid más abierto que la vida en las provincias llenas de excombatientes, curas y beatas.

Del rosa al amarillo de Manuel Summers

La muerte de Franco trajo la posibilidad de una renovación cinematográfica, el fin de la censura hacía que nuevas propuestas fuesen posibles, en medio de aquello surgió u cine de tipo político Camada negra de Gutiérrez Argón o Siete días de Enero de Bardem, pero sobre todo apareció lo que empezó a llamarse la comedia madrileña y el cine quinqui como una especie de vertiente social macarra situado en los barrios periféricos de Madrid , Deprisa deprisa de Saura, Colegas o Navajeros de Eloy de la Iglesia.

La comedia madrileña se iniciaba con Tigres de papel y ¿ Qué hace una chica como tú en un sitio cómo este? de Colomo y Ópera prima de Trueba, que abre ya a otras influencias más europeas y americanas aunque sin desdeñar la tradición de un cierto tipo de comedia española. Sin pertenecer a estas corrientes se encuentra Almodóvar, que combina una especie de sainete de Rastro de la Movida con Waters y Meyer. Pepi Luci Bom y otras chicas del montón, Laberinto de pasiones van mucho en esta línea; otras tiene un cierto aire social de barrio ¿ Qué he hecho yo para merecer esto? o un Madrid caluroso y veraniego en La ley del deseo o el Madrid de Mujeres al borde de un ataque de nervios. Hay una línea que va de Neville a Berlanga y a Almodóvar que de momento sólo apunto. Y hay una película única de Madrid que es Arrebato de Iván Zulueta que es inclasificable .

Hay otro cine de reconstrucción histórica o adaptaciones literarias que intenta reproducir un Madrid de época, Las bicicletas son para el verano de Chávarri o La Colmena de Camus ,sobre la novela de Cela, realizadas en la década de los ochenta.

Hay un intento de cine negro o policiaco de ambiente madrileño como Brigada criminal de Iquino en los años cincuenta o El Crack de José Luis Garci, la reciente No habrá paz para los malvados  de Urbizu,  Días contados de Uribe sobre la novela de Juan Madrid el mayor exponente de la literatura negra en nuestro país,  o la magnífica  Nadie hablará de nosotras cuando estemos muertas de Díaz Yanes.

También podriamos hablar del madrileño de chalecito dominguero con Las verdes praderas de Garci o la locura demoniaca de Alex de la Iglesia o los veranos de Barrio de  León de Aranoa

La realidad de Madrid no está en el organillero, en la chulapona, en su tipismo de postal turística ni en las estupideces de un localismo paleto, regionalista o en un nacionalismo garrulo,  la realidad de Madrid está, ha estado siempre, en sus calles , en sus corralas con sus vecinos, en los modernos de todas las épocas, en los barrios, en sus teatros, en sus salas de cine, en las tabernas, en los garitos nocturnos, en sus mujeres,  en los tipos que cada día afrontan salir a un mundo a veces duro y deshumanizado, amable otros y siempre inquietante. Madrid fue reflejado en su ser en ese cine desde los años treinta hasta ahora recogiendo todas las tendencias literarias y artísticas españolas, sainete, comedia, costumbrismo, humor negro, humor vanguardista, realismo social configurando una manera de hacer cine y de recoger los ambientes madrileños de cada momento.

Madrid es mi ciudad, la de mis padres, la de mis abuelos, y la de los bisabuelos golfos que hicieron de las suyas en aquel Madrid de la Belle Epoque.   Madrid es la única ciudad del mundo en la que podría vivir ( la otra sería Nueva York que como decía Jardiel Poncela es la ciudad que más se parece a Madrid sin parecerse en nada) . Madrid es la ciudad que siempre se renueva, que siempre cambia, que está permanentemente viva, porque Madrid es su gente y también su cine. Así que hablaré de esas películas de Madrid, no podía ser menos, ellas también forman parte de mi vida.

Pepi, Luci , Bom y otras chicas del montón de Pedro Almodovar

 * Este artículo no quier ser minucioso, ni trazar una historia del cine, está escrito de memoria sobre películas que he visto, faltarán muchas que  desconozco, no recuerdo o simplemente se me ha olvidado mencionarlas, todas las apreciaciones son personales y en ningún caso quieren ser académicas, faltaría más. Madrid y su cine son mi memoria nada más .

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