Paranoias

No hay más paranoias que la realidad ni más conspiración que las que vivimos a diario, las que sabemos que existen pero dejamos pasar de largo. No hay complot mundial, hay lo que nosotros hemos creado y a quienes les entregamos el poder, partidos políticos, medios de comunicación, banqueros, negocios varios, todo ello camuflado en falso espectáculo y en dádivas a los ciudadanos. No hay ya juntas de censuras pero todo el mundo sabe cuando hay que callarse y sobre quien no hay que hablar.

Hay que hacer concesiones, dice Gerard el director de teatro de esta película, hay que hacer concesiones para triunfar, para publicar una crítica en un periódico, para conseguir un contratito, para ganar el concurso de miss popularidad o que te den un premio por estúpido que sea, hay que hacer concesiones para que te den la mochila de propaganda o hablen de ti en cualquier página de internet, hoy el triunfo está en todas partes no hay que complicarse mucho la vida. En eso consiste todo. Esta es la persona, le dicen los mafiosos al director de cine de Mulholland Drive, hay que hacer concesiones tranquiliza su conciencia el autor teatral de Balas sobre Broadway, hay que hacer concesiones, al fin y al cabo el mundo funciona así y hay que aprovecharlo vienen repitiendo una y otra vez millones los aprovechados de siempre. Hay que hacer concesiones. No hay organizaciones que conspiren, ellos ya tienen el poder, se lo hemos dado nosotros y además les seguimos el juego, hay que hacer concesiones o esperar a que un negro impasible acabe con ellos, aunque sólo sea en su imaginación rompiendo Los Límites del control.

Las paranoias nos son complicadas de extender, al fin y al cabo es mejor imaginarse fantasías que afrontar la realidad cotidiana. Todos estos intelectuales medio ociosos andan creyéndose todas las historietas de la imaginación obsesiva de un tipo exiliado y perseguido que enfrentarse a lo que realmente les rodea. Es mejor creer en el fin del mundo que en la pérdida de la libertad que cada día venimos sufriendo. No es una buena película, pero siempre es interesante volver a ver aquellas viejas películas casi olvidadas. París no pertenece a nadie, o tal vez sí, a la imaginación paranoica de un escritor americano, a la curiosidad de una jovencita universitaria, a todos los exiliados del mundo, a la traición primero y al imposible arrepentimiento después de un director de teatro, al miedo irracional que se extiende, a una falsa mujer fatal, a  las explicaciones que  siempre llegan demasiado tarde, a la restitución final de la normalidad, a Godard sentado en un café tirándole los tejos a una joven rubia, a París que parece casi una ciudad  enclaustrada en esos pequeños cuartuchos de hotel, a la fantasía de Rivette en una de sus primeras películas. París no pertenece a nadie o tal vez sí, tal vez nos pertenece a todos.

 

 

París nos pertenece (Paris nous appartient) 1960 

dirigida por Jacques Rivette

protagonizada por Betty Schneider, Gianni Esposito, Françoise Prevost

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