El tiempo recobrado

Sólo somos memoria, nada más. Un puñado de imágenes borrosas ,inconexas, incomprensibles como en una película experimental de vanguardia. Están ahí castigando nuestra cabeza, apareciendo misteriosamente en cualquier descuido, en el metro, en un paseo, en una esquina de la cama. La memoria yace escondida como un lobo al acecho para atormentarnos o para dibujar una sonrisa. Hasta que una magdalena ,un cachivache escondido, esas pequeñas cosas que cantaba Serrat o las olas solitarias rompiendo en una playa comienzan a darle sentido, a enlazar imágenes y rostros, paisajes y momentos, que ya llenos de sentido trazan una especie de linealidad que nos trae un pasado que pensábamos olvidado.

La memoria es una máquina del tiempo que no se puede esquivar, nos guste o no, nos acaba transportando al pasado, a veces grato, a veces repletos de pequeñas miserias que por mucho  que queramos ocultar acaban saliendo. Podemos mentir a los demás, pero no nos mentimos a nosotros. Afortunadamente acabamos creando esa historia épica, la leyenda de nuestro yo para poder seguir viviendo un rato más.

Luis Rosales

La casa está vacía, como en el poema de Luis Rosales, esa casa llena de huecos, donde los pasos se pierden extraños en sus propias pisadas. Apenas queda ya el eco de viejos sueños. La casa oscura, ajena, hasta que la memoria nos devuelve el sentido de cada hueco. Una casa trascendente que se va llenando de nuestra memoria. Porque esta casa, intangible, hemos ido viendo que también se encendía.  Porque nosotros somos nuestra memoria, somos nuestros muertos y nuestros vivos que van encendiendo cada estancia. Somos ellos y ellos son nosotros. Porque esa casa también la hemos sentido en ese “ silencio que es como luto de hombres solos “. También hemos ido viendo como se nos encendía la vida desde el recuerdo, los paraísos perdidos de la infancia, los viejos amigos, los amores que perdieron un día, los muertos que siguen ahí “ porque la muerte no interrumpe nada”. Vamos viviendo en el sueño que nos trae esa nebulosa, espesa  a veces, ligera otras, que es la memoria. Y van entrando lo que fuimos y lo que no fuimos, y nos trae la sonrisa pero también el dolor, pero todo ese poder de la memoria va encendiendo cada una de nuestras estancias, los cuartos oscuros, los corredores con los que sólo pasaron un instante y las estancias más entrañables donde habitaron nuestros seres queridos,  hasta que la Casa está Encendida, plena, completa. La casa antes vacía, se ha llenado de esa luz de nuestra memoria. Estábamos solos, perdidos, pero ellos están ahí, los recuerdos van llenando cada espacio como una luz que nos va completando la vida, de gozo, pero también de dolor porque “ las personas que no conocen el dolor son como iglesias sin bendecir “.  Pero ese dolor también es nuestra vida, esa vida que se va haciendo como un viaje. Ningún poema ha trazado ese singular camino poético de la memoria como La casa encendida de Luis Rosales.

¿ Y qué decir de Proust? Nada, para qué , para quien lo ha leído cualquier palabra será en vano y el que no lo haya leído…pues peor para él, lo malo de los que pierden el tiempo con lecturas estúpidas es que se pierden lo bueno de la vida. Proust trazó el camino de la reconstrucción de la memoria perdida, del tiempo recobrado, un tiempo que al final sólo nos queda verlo desfilar repleto de viejos fantasmas, de viejos amores, de la vida en definitiva.

Al final sólo nos queda la memoria. 

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