El año del fin del mundo. Hace cincuenta años de todo

Fotograma de la película Trece días sobre la conocida Crisis de los misiles.
Fotograma de la película Trece días sobre la conocida Crisis de los misiles.

Ahora ya hace cincuenta años de todo. Aquel año de 1962 venía cargado de acontecimientos, un año de transición, en el cual viejas formas morían y nacían otras que serían decisivas desde entonces.

Ahora hace  cincuenta años del fin de aquel Hollywood de los grandes estudios, de estrellas rubias y galanes sonrientes y pícaros, de directores ya grandes equipos de guionistas, moría el Hollywood de los grandes productores. Aquel año 1962 fue el año en qué murió Marilyn y con ella los grandes mitos del cine, morían Michael Curtiz el director de otro de los grandes mitos como Casablanca y moría Franz Borzage el creador de grandes melodramas como aquel Séptimo cielo. El cine de estrellato y estudios dejaba paso a un nuevo cine de autor donde lo importante iba a ser el director y no las estrellas, unos años antes los jóvenes franceses de Cahiers habían dado el salto a la pantalla.

Es el año de Jules et Jim ese amor centro y fuerza de su protagonista, pero también el inicio de un nuevo concepto de la liberación sexual de la mujer. Los franceses de la Nouvelle Vague rompían con las estrellas radiantes de Hollywood y nos ofrecían unas chicas de andar por casa pero con todo el encanto de las nuevas mujeres. Y Kubrick nos presentaba a una descarada niña de nombre Lolita.

Hace cincuenta años que los viejos mitos se hacían pedazos estrellados en un mundo que ya no entendía ni las brumas de los callejones ni las miradas embriagadoras de las mujeres fatales ni el sombrío mundo en blanco y negro de los viejos héroes. Ahora las mujeres vestían munúsculos bikinis blancos y salían esculturales de una playa desierta, los nuevos héroes se llamaban James Bond y estaban al servicio de su majestad. Aquel año, ahora ya hace cincuenta, de picotazos de araña nacían nuevos superhéroes dispuestos a defender al imperio de todos los males aunque fuese escalando edificios y con nombres raros como Spider Man.

Aquel año los jóvenes se desprendían del viejo traje heredado de su padre y vestían su chupa de cuero, las niñas enseñaban sus muslos descaradas, los jóvenes olvidaban viejos ritmos y se cerraban las peluquerías, ahora ya no se desfilaba ahora se bailaba a ritmo de rock, de guitarras y baterías. Los Beatles y los Rolling serían entonces la banda sonora de toda la juventud.

Ahora hace cincuenta años de que en el extremo sur de Europa con un régimen político ridículo un país entraba en una cierta modernidad. Los americanos habían bendecido al dictador y España quería parecer moderna. La clase media comenzaba a ser una realidad, en pocos años las calles de las ciudades se llenarían de seiscientos y la gente empezaría a agruparse en paisajes de costa para pasar sus veraneos. Los ministros del Opus Dei, tecnócratas , se  llamaban, se ponían  al frente de la economía y aplicaban sus planes de estabilidad y sus planes Badajoz. Una clase media de pluriempleo empezaba a consumir lavadoras y neveras. Pronto aparecerían aquellas suecas para levantar la libido y las fantasías de muchos españoles, desde entonces todo español de aquella época lleva una sueca en el corazón o más abajo, que tampoco se sabe. Aquel año moría Florián Rey uno de los pioneros del cine español y director de éxito en los años treinta. De la Escuela de cine aparecía unos nuevos realizadores que pronto se les agruparían bajo en nombre de Nuevo Cine español, nuestra versión de la Nouvelle Vague española, que como dijo alguien más que Nouvelle Vague era simplemente Vague, pero bueno allí estaban aquellos nombre s Saura, Summers, Martin Patino , Angelino Fons, Francisco Regueiro o Mario Camus.

Hace cincuenta años que en el más puro estilo Kubrick unos empleados de banca planeaban un Atraco a las tres típicamente español, es decir chapucero y cargado de risas.

Hace cincuenta años que moría Leopoldo Panero el poeta del silencio, y padre de tres tipos que años más tarde darían que hablar en una escandalosa película familiar. Panero era el representante de la parte de la  generación del 36, Rosales, Ridruejo, Vivanco, que optó por vestir el azul de la Falange y quedaron, entre el desprecio y el olvido, fuera de los manuales de literatura.

Hace cincuenta años que bajo la carpa del Circo Price una parte de la juventud  española se lanzaba en unas matinales a hacerse notar entre Twist, rock y jazz, claro ni la prensa ni los tarugos del régimen estaban dispuestos a permitir excesos. Pero fue tarde España ya quería ser moderna aunque no la dejaran.

Pero aquel año también pudo ser el año del fin del mundo y no por ningún calendario Maya ni pamemas de estas de gurús y tipos fumados. Algo peor el tarugo de Fidel Castro conseguía unos juguetitos rusos de papá Kruschev  para instalarlos en su isla y amenazar a los Estado Unidos del fotogénico y mediático John Kennedy y de su inseparable hermano y compañero de farra Boby. Trece días que conmocionaron al mundo y que pusieron de moda la guerra nuclear. Pero todo acabó como en la última película de Hollywood con el clásico happy end , que hacía suspirar de alivio al mundo y que acabó por cabrear a ese retrasado mental del Che Guevara más partidario del cine gore que de una comedia feliz.

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