Alfonso Sánchez

Alfonso Sánchez con su amor confeso Anouk Aimee

Alfonso Sánchez con su amor confeso e imposible Anouk Aimee

Ningún crítico de cine ha sido tan popular en España como Alfonso Sánchez, nadie tan imitado por los humoristas de entonces, nadie, posiblemente, tan admirado, nadie tan pedagógico como él. Estaba allí en la pantalla del televisor con su humor, su ironía y a veces con un puntito de mala lecha envuelta en su voz nasal y en ese sentido del humor que lo atenuaba todo, pero también estaban sus crónicas periodísticas   en la prensa o en revistas especializadas llenas de conocimiento y buen juicio. Nada más apreciable en un crítico que tenga las ideas claras, y Alfonso Sánchez las tenía, para no caer en las trampas de los embaucadores y de los encantadores de serpientes de tanto cine de baratillo y estupidez. Ahí estaban sus nombre de siempre Ford, Wells, Hitchcok, Lubitsch ,Buñuel, Trufeaut,  pero también la modernidad de Kubrick o de Altmann. Su lema no era otro que aquel de Capra que tanto solía repetir, el único pecado que no puede cometer un cineasta es aburrir.

Alfonso Sánchez nos enseñó que más vale una buena película que una película genial o excelente de esas que sólo van a ver los culturetas snobs y pedantes de mochilita cargada de ignorancia. Alfonso Sánchez nos enseñó que el talento es permanente,  constante a lo largo de todo una obra mientras el genio sólo es algo fulgurante, ¿cuántos directores fueron geniales de una sola película que ya nadie recuerda?  Allí estaban los grandes nombres que él nos fue descubriendo, con un cine cargado de buenas películas.

Para Alfonso Sánchez era importante hacer pedagogía del cine, en una de sus últimas crónicas defendía que al igual que en el bachiller se enseña literatura, pintura o escultura a gente que nunca  volverá a leer un libro o irá a un museo era importante enseñar a ver el cine como una de las bellas artes inserta ya en la cultura de nuestro tiempo. Aún sigue fuera de las escuelas, es lo que hay en un país de tarugos que dirigen la educación de los jóvenes.

Alfonso Sánchez aunque no por edad sí por compañía y aprendizaje frecuentó ese grupo único que fue esa otra generación del 27, Mihura, López Rubio, Neville, Tono, y más tarde Mingote o Herreros, y participante en la Codorniz hasta su desaparición. Esta adscripción le otorgaba ese ingenio, ese humor que le valía para hablar mal de una película o reírse de las fantochadas de algunos, sin acritud, siempre con ese humor que sólo los buenos humoristas y los caballeros de bien saben deslizar sin ofender.

Hubo un tiempo en que la televisión servía para algo más que para que la sociedad mostrase su basura y su mal gusto, hubo un tiempo en que había programas de cine, con ciclos de los grandes directores en VOS, que ponía cine mudo, cine europeo, había crítica de cine en las noticias, y había programas de música, de jazz, de rock, hubo una televisión en la que se entrevistaba  a los autores más señalados y  se repasaba su obra, de Borges, de Cortazar, de Octavio Paz, de Luis Rosales, de Josep Pla, o de Rafael Alberti, hubo una televisión donde había gente que sabía de lo que hablaba, era esa televisión en la que la crítica de cine iba firmada por Alfonso Sánchez . Después vinieron las televisiones privadas con el camión de la basura, el negocio y las dádivas.

Ahí va ese pequeño corto  de José Luis Garci en homenaje a Alfonso Sánchez. Somos muchos, en aquellos mediados y finales de los setenta que aún pudimos aprender a ver el cine de otra manera gracias a él.  Y no es nostalgia,  sólo un recuerdo merecido en un país en el que el olvido es el deporte más practicado. Así nos va.

Alfonso Sánchez murió en 1980. Afortunadamente la Academia de Cine otorga un premio que lleva su nombre al mejor crítico. Por lo menos aunque sólo sea su nombre perdurará en el tiempo.

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