Activismo posmoderno

Los edukadoresAl fin y al cabo todo aquel  archifamoso Mayo francés del 68 se montó por el deseo de follar libremente en las habitaciones de las residencias de estudiantes, el sexo siempre ha movido el mundo y no los poetas. El Mayo aquel no fue una revolución al uso, es decir no siguió los pasos clásicos de toda revuelta o técnicas del golpe de estado de Lenin o Malaparte, aquellos jóvenes ni tenían previsto tomar Palacio de invierno alguno ni tan siquiera alcanzar el poder, visto desde nuestra perspectiva aquello fue una revuelta de chicas minifalderas y tipos pedantes que parecían sacados de una película de Godard, una revuelta con mucho humor, y que al final se disolvió por falta de metas, porque ya era difícil tener un objetivo revolucionario de poder en aquellos momentos. Fue una revuelta fotografiada y filmada hasta la saciedad, y que pronto se convirtió en mito. Era tal vez la primera revuelta posmoderna, es decir vacía, aunque sus dirigentes, con esa pedantería que los franceses han convertido en arte, la llenasen de brillantes argumentos ideológicos. Pero fue el fracaso de una revuelta que era algo nuevo, más que una revolución fue ese grito de estamos hartos de estos tipos, pero lo malo es que esos tipos, es decir el poder, lo controlan todo, y además hacía tiempo que la lucha de clases había muerto en virtud de los convenios colectivos, los sindicatos incrustados en el poder y los intelectuales mirándose el ombligo. Mayo del 68 fue un grito sexual de una parte de la juventud francesa.

Los que vivimos la juventud en los ochenta éramos unos nihilistas, no en el sentido trágico  de Dostoyevski o de Niestche, sino en el sentido cómico de la vida, en la parte humorística, hedonista y divertida. No había futuro, el mundo que nos prometieron se diluyó en la crisis del petróleo, y ahora andábamos allí sin saber muy bien qué iba a ser de nosotros. Así que nos lo tomamos con humor y nos dedicamos a divertirnos. No nos interesaba ni la política ni aquella gente que venía con una Constitución que ni entendíamos ni nos interesaba. Salvo los irreductibles del PCE y grupos afines, nadie estaba por la labor.Renunciamos a la revolución por inútil y nos dedicamos al humor y a la diversión que era más reconfortante. Después cada uno se acopló como pudo. Hoy, los que no se han quedado en el camino, pertenecemos a la sufrida clase media.

Hoy es imposible la utopía revolucionaria, es inviable, no voy a repetir lo ya sabido, Lyottard , el fracaso de la modernidad, por mucho que le duela a Habermas, el fracaso de la totalidad de los grandes discursos y el individualismo exaltado en eso que el francés llamó la era del vacío. Todas las revoluciones han devenido en atroces dictaduras, comunismo, fascismo, todas las utopías revolucionarias han sido las causantes de millones de muertos, y nadie cree en ellas a estas alturas. ¿Entonces qué hacer frente a estos tipos que siguen allí instalados? Tal vez sólo el activismo simbólico como en esta película, la lucha por causas parciales y un activismo un tanto inútil en lo práctico pero fuertemente simbólico. La guerra de guerrillas, en el sentido pacífico y figurado del mismo, el testimonio, el grito a veces desesperado, la manifestación o la pataleta, no creo que quepa mucho más dado el carácter sectario, indolente y acomodaticio de los españoles. El famoso 15 M fue como la fiesta del pueblo pero sin Tractor amarillo ni Paquito el chocolatero, eso sí los chinos se hartaron de vender cervezas y la gente paseaba por allí como se pasea por un centro comercial un sábado por la tarde o por la plaza del pueblo en día de mercado. El 15 M no fue nada más que un montón de discursos en el vacío. Los jóvenes franceses del 68 eran brillantes como intelectuales, los jóvenes que llenaban la Puerta del Sol pertenecen a la generación más inculta e ignorante de la historia de España, así que la cosa terminó en coma etílico que es como acaban los botellones  hoy en día.

Las crisis se resuelven siempre de la misma manera en España, es decir, marica el último, o en plan más fino sálvese quien pueda, cada uno a lo suyo y en medio del revoltijo, la desgana y la falta de alternativas pues el poder político y económico se va haciendo cada vez más fuerte. Sólo las pequeñas causas parecen movilizar a la gente, algo es algo, pero como siempre ellos son más poderosos. A mí ya sólo me queda escribir este blog y no andar jodiendo al personal en lo que me toca.

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Los edukadores ponen en práctica este activismo simbólico, no roban, no matan, no ponen bombas, ni tan siquiera dejan manifiestos, sólo un aviso, el final de las vacas gordas ya ha llegado, sólo la toma de conciencia de que alguien más allá de la calle les vigila y existe. El poder ignora a los ciudadanos, sabe que están divididos, solitarios e indefensos, saben que aceptarán, en cuanto la cosa se ponga difícil, cualquier dádiva. Ya no hay lucha de clases, ni derechas ni izquierdas, está el Poder, partidos políticos, sindicatos, medios financieros, medios de comunicación, y los amigos del poder, en el otro lado los ciudadanos, indefensos y e merced de todos esos elementos.  En Los edukadores un par de amigos se dedican a lo que podíamos llamar la perfomance revolucionaria, con bastante sentido del humor y un toque de arte concepctual. Esas columnas o agrupaciones de objetos de consumo en mitad de los salones de la clase acomodada, el aviso sobre el final de la impúdica acumulación de riquezas y sobre todo saber que los otros merodean por sus vidas, es lo único que puede inquietar algo a los poderosos. Todo va bien hasta que en un fallo de cálculo acaban secuestrando a uno de los ricos. Se establece así la relación de estos cuatro personajes, los dos amigos, la novia de uno de ellos y el secuestrado un financiero que en el pasado también mantuvo actividades revolucionarias.

No sé si ya va tocando algún aniversario de concierto, revuelta sesentaochera o alguna cosa de estas de la transición para que alguna televisión nos regale el documental tipo sobre ese acontecimiento, entonces saldrán los progres de siempre, y nos contarán entre sonrisas complaciente las batallitas de antaño, los pantalones de campana, los grises, la transición, el 23F y demás pamemas, nos contarán las viejas utopías, eso sí mientras tanto el champagne, francés por supuesto, se enfriará en la nevera para brindar por lo bien que ha salido el último ERE que ha dejado a dos tercios de la plantilla en la calle o por la última corruptela desde el poder. Lo de siempre. Pues en la película lo mismo el rico secuestrado mostrará una especie de arrepentimiento, de hartazgo ante esa vida que traicionó las ideas de su juventud, las historietas que tan bien se les dan. La resolución final es la de esperar, triángulo amoroso, rico que vuelve a sus viejas costumbres y la vida sigue igual como en la canción de Julio Iglesias.

Interesante película. Bien resuelta en sus apartados más personales, las dificultades de la supervivencia, el trabajo ,  el triángulo amoroso, las relaciones entre los personajes, y un final que al parecer no era el previsto, la censura aún existe, pero que no queda mal, dentro de lo que cabe.

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Los educadores (2005)

dirigida por Hans Weingartner

 protagonizada por Julia Jentsch, Daniel Brühl, Stipe Erceg, Burghart Klaussner

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