No hay putas sobre la tierra

Me han follado mucho en el vacío,

me han deseado así en el vacío.

Sólo hay que follar cuando dos se quieren

la mama y la puta 1

Desde el fracaso de aquel Mayo de 1968  todas las generaciones hemos crecido en el vacío, desde entonces cada joven sólo puede sentir alrededor la paradoja de un desencanto, de una ficción que sólo nos lleva al más puro nihilismo. Todas las generaciones nos hemos visto en la necesidad de enfrentarnos a la nada más absoluta, a la vida como un combate continuo contra el aburrimiento,  una lucha por encontrar algún sentido en medio de esta sociedad que ya sólo promete una vida sin futuro. Todas las generaciones somos herederas del fracaso de la revuelta de aquel 68 que hizo que ya no fuese posible creer en nada y somos hijas de aquella crisis del petróleo que inició el final del estado del bienestar y  que dejó calcinado un paraíso que nos habían venido anunciando. Desde entonces todas las generaciones se mueven hacia un futuro imperfecto y vacío.

Cada generación ha afrontado este vacío como ha podido, desde el humor de los ochenta a la languidez de los noventa o la tristeza  exhibicionista y vanidosa de los jóvenes de hoy. A partir de entonces todo daba lo mismo, hicieses lo que hicieses el resultado siempre nos llevaba al mismo destino. Al final de cada carcajada siempre quedaba esa mueca en medio de la nada, después de cada relación el hartazgo de un cuerpo más y unas palabras vanas que sólo ocultaban la imposibilidad de amar, después de cada relato de nuestro yo épico sólo quedaba la farsa, después de los largos discursos tumbados en el suelo de una habitación cuyas paredes aparecían cargadas de carteles, de fotos, de consignas que ya era imposible tomárselas en serio, de frases y retórica grandilocuente, de literatura que no llegaba a consolarnos,  después de aquello largos y banales discursos que se colaban en mitad de la música siempre volvía la sensación de aburrimiento, de una nada que seguía devorándote por mucho que nos empeñásemos en iniciar cualquier fuga.

Todo lo hemos hecho en el vacío, hemos follado y hemos deseado en el vacío, huyendo de sexo en sexo, intentado encontrar lo que no estaba allí, nos lanzamos a los paraísos artificiales, y al deambular en medio de la noche en una interminable peregrinación para encontrar lo que no buscábamos. Narrábamos una y otra vez cada acontecimiento  como si sólo aquello que somos capaces de verbalizar en un relato incongruente y absurdo pudiese dar sentido a lo que no lo tenía. Al final si nos vamos salvando algunos fue gracias al amor que encontramos y poco más, no quedaba mucho más en la vida, encontrar ese amor que por lo menos fuese llenando ese vacío. Otros perecieron en mitad de la zozobra.

Ni Alexandre, ni Veronike, ni Marie nos representan por separado, pero los tres nos anunciaban ya la vida en esa triste, desesperanzada, desengañada película del suicida Eustache. Los tres al unísono íbamos a ser nosotros. El parlanchín, retórico, de largos discursos y frases literarias, el que sólo es capaz de vivir la vida desde una continuación literaria, el paseante ocioso entre cafés, el tipo que siempre tiene una frase cargada de ironía para justificar su abulia, su paralización ante la vida, su infantilismo que le lleva a la imposibilidad de comprometerse salvo con su mundo de pedantería. No me gusta la dignidad. Mi única dignidad es la bajeza. Marie, la complaciente mujer que es capaz de consentirlo todo por conservar algo de compañía, de conservar a ese Alexandre que la engaña, que juega con ella, pero que es la única referencia que logra tener y Veronike la chica expansiva de sexo en sexo, la mujer que llena su vacío con alcohol y sexo, un sexo que la lleva siempre al límite de la nada. Follar sólo para escapar de la nada. Una mujer que se desnuda en ese monólogo final cargado de soledad, de angustia, de búsqueda de un amor que se presenta difícil. No hay putas sobre la tierra.Tres personajes a la deriva después de la hecatombe del fracaso. Tres personajes que nos representan aunque se moviesen en otro tiempo y en otro lugar. Eustache trazó una de las películas más personales de la historia del cine, la vida de los otros es también la vida de nosotros, la vida de todos, Eustache no pudo soportar el vacío, el nihilismo sin salida que ya anunciaba en su película y acabó suicidándose unos años después.

Eustache nos mostró lo que iba a pasar, después vendrían Jarmusch , Kaurismaki, Wong Kar Way, o Harl Hartley y después estábamos todos danzando como siempre al borde del abismo.

Un gran película, no para verla sino para vivirla.

eustacheLa mamá y la puta(1973)

dirigida por Jean Eustache

protagonizada por Jean-Pierre Léaud, Françoise Lebrun, Bernadette Lafont, Isabelle Weingarten

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2 Comments

  1. La pelicula la conozco y no tengo muy buen recuerdo de ella. Aunque para decir algo debería de volver a verla. En cuanto al articulo, la verdad es que me ha gustado, en realidad, creo que mas que la película. Y si, la vida es muchas cosas, pero quizás en la búsqueda de ese amor, de esa ilusión, simplemente se pierda un tiempo precioso……

    1. Es una película muy personal que refleja un momento muy preciso como fue ese posterior 68, además es muy larga casi tres horas y media de largos discursos y conversaciones, sin embargo cuando yo la ví por primera vez, allá por los principios de los ochenta nos sentimos bastante identificados con ciertos comportamientos y ciertas fugas ante la vida. Recientemente la he vuelto aver y me sigue gustando, aqunuqe reconozco que es de esas películas o que te entusiaman o son un tostón soberano, sin término medio.

      Uns aludo, muchas gracias

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