Perdidos en el parque de atracciones

lPaul fejos soledad cartelEl siglo XX es el siglo de las grandes ciudades. Las metrópolis, las urbes de la luz, de los grandes y lujosos hoteles, de las salas de cine, de las verbenas y diversiones, la ciudad placentera, la ciudad de las industrias y la aglomeración de los que buscan una nueva vida, de las oportunidades, los centros de la libertad y del pensamiento. La ciudad es el movimiento obrero socialista y de la clase media.  Pero también es el espacio de la soledad, de la alienación, de la deshumanización.  París, Berlín, Viena, Londres, pero sobre todo Nueva York, La ciudad mecánica como la llamó Julio Camba, la ciudad dinámica de las grandes masas, de los ciudadanos en permanente tránsito, Manhattan Transfer de Dos Passos, del metropolitano por las entrañas de la ciudad, de los grandes rascacielos, de los autobuses, el tráfico automovilístico  y de la inmigración concentrándose en pequeños cuartuchos de alquiler.

Estoy a gusto en Madrid pero en ocasiones me encuentro muy sola, capto como un Joe Gould, la conversación de unas chicas en uno de esos viejos cafés que aún sobreviven en Madrid. La soledad de las grandes ciudades, en donde la humanidad inunda las calles, como en el poema de Mario Cesariny, pero es tan anónima que apenas si nos vemos. La soledad era esto, podríamos decir con Kafka, la soledad de las conversaciones entrecruzadas o de ese silencio por las mañanas en el metro mientras pegamos nuestros ojos a las páginas de un libro. La soledad de las grandes avenidas abarrotadas de gente siempre caminando con prisa,  de los edificios que acumulan gente en las oficinas, para después de unas horas salir cada uno a su destino. Las casas donde los vecinos ya no se conocen, y en el  piso de al lado, un piso de alquiler, desfilan cada cierto tiempo personas que apenas si reconoces su rostro. La ciudad repleta de oportunidades está también cargada de soledad.

vlcsnap-149068Soledad ( Lonesome) del director húngaro afincado en los Estados Unidos, Paul Fejos, retrata la soledad y el encuentro de estos dos habitantes de la gran ciudad. La historia es sencilla Jim, mecánico industrial , y Mary, telefonista, se aprestan a pasar un fin de semana en soledad, dentro de sus respectivos cuartos, hasta que un autobús que recorre la ciudad anuncia el parque atracciones  en la playa. Ambos lo cogen y se conocen en el mismo autobús, poco a poco en medio de la masa que abarrotan las atracciones, en la playa, en las múltiples diversiones, van profundizando en su amistad hasta enamorarse, pero un incidente en una de las atracciones hace que Mary se pierda en mitad de la masa, Jym la busca desesperado por todas partes sin lograr encontrarla. Abatido regresa solitario a su cuarto. Hay un final feliz eso sí.

Pero la película de Paul Fejos, no es sólo una historia de amor entre estos dos seres , sino que la importancia ,como en toda obra artística ,es la forma. Fejos combina la estética del cine europeo, desde el impresionismo al expresionismo alemán. Combina perfectamente cada plano para ir contándonos y sobre todo meternos en la piel de sus dos protagonistas. Desde los primeros planos paralelos de ese levantarse para ir a trabajar de cada uno, el desplazamiento en el transporte urbano, sus lugar de trabajo el mecánico y monótono del golpeo de las máquinas, los rostros asomando sobrepuestos en su puesto de telefonista. La soledad de cada uno en sus cuartos al final de la jornada, la masa que camina hacia el parque de atracciones. Fejos demuestra que domina la técnica cinematográfica como un maestro consumado, introduciéndonos en cada plano dentro de la vida de estos dos seres en mitad de la gran metrópolis . El maquinismo y la masa como centro de la gran ciudad. Una más que  interesante película . 

 

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Soledad (Lonesome) ( 1928)

dirigida por Paul Fejos

protagonizada por Barbara Kent, Glenn Tryon, Fay Holderness, Gusztáv Pártos, Eddie Philli

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