La caza

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Todas las sociedades van creando  miedos, a veces irracionales,  hasta llegar a la paranoia. Es entonces cuando todos nos convertimos en sospechosos. La sociedad empieza a generar desconfianza ante cualquier hecho,  el miedo se apodera de la comunidad y es entonces cuando empieza la cacería y el linchamiento. No nos llamemos a engaño la presunción de inocencia, el indubio pro reo, las garantías procesales y la absolución judicial de nada sirven, son ficciones frente a una chusma erigida en juez y en verdugo.

Los medios de comunicación, el chismorreo, las antipatías personales, incluso los intereses ideológicos realizan, ante cada caso, un juicio paralelo cuyo veredicto es el único asumido interesadamente por la sociedad o por el grupo. Lo hemos visto de continuo, una causa procesal convertida en espectáculo morboso en unos medios de comunicación en los cuales pesa más la opinión de unos indocumentados medio analfabetos que toda la autoridad de fiscales o jueces, hemos visto repetidas veces a la chusma  delante de los juzgados gritando al reo antes y después de la sentencia. Si eres detenido, procesado y después absuelto no importa, para toda la vida te convertirás siempre en culpable, la chusma no sabe ni quiere saber de rollos legales, ellos son suficientemente numerosos, suficientemente brutos como para dictar una sentencia permanente.

La sociedad avanza poco, nos otorgamos instituciones, escolarizamos a la totalidad de la población, tenemos un acceso al conocimiento como nunca hemos tenido pero seguimos estancados en la barbarie, más sofisticada, pero barbarie al fin y al cabo. La divulgación de noticias, la concepción de la información como un espectáculo hace que los sucesos alcancen en muchas ocasiones una desproporción que van generando una constante paranoia. La protección de los ciudadanos no puede llevarse a extremos ridículos ni a excesos en la vigilancia sobre el vecino.

Hay casos, de los que hoy, afortunadamente, la sociedad es consciente y los condena con toda dureza, el acoso sexual, la pedofilia, o la violencia contra las mujeres, pero esta condena, esta lucha permanente no nos puede llevar al ridículo, ni a la indefensión legal y social de los sospechosos. No todo es acoso sexual, la pedofilia, afortunadamente, no es una práctica tan habitual como creen algunos y la violencia contra las mujeres debe evitarse sin sobrepasar los límites de la lógica y el derecho. Contar un chiste verde en un centro de trabajo delante de las mujeres no es acoso sexual, no todos los sacerdotes, ni los profesores de gimnasia, ni los entrenadores deportivos o los monitores de campamento son pedófilos. No se puede extender el miedo, ni la sospecha generalizada sobre la sociedad. No debe bastar una denuncia para que se sea ya condenado y se deben garantizar la investigación y los procesos, empezando por la presunción de inocencia y en último caso el indubio pro reo debe ser no sólo una garantía jurídica sino una garantía social. Es difícil mantener un equilibrio en delitos tan execrables como la pedofilia o la violencia doméstica, pero precisamente por eso no se pueden convertir ni en espectáculo televisivo, ni en arma política, ni en intereses personales. Es en estos casos cuando más debe coincidir eso que se llama verdad judicial y la verdad de los hechos que muchas veces no coinciden. Es cuando más celo debería poner una sociedad en esclarecer estos casos y no tratarlos con la frivolidad con que muchas veces son tratados. No deja de ser curioso que otros delitos son plenamente perdonados y casi comprendidos por la sociedad, los condenados por corrupción, los estafadores, los traficantes de drogas, los mafiosos, son fácilmente perdonados socialmente e integrados en la comunidad sin mayores problemas, inclusos en los casos de corrupción política se les sigue votando, sin embargo con el sólo hecho de ser acusado de pedofilia o maltrato puedes quedar marcado para toda la vida, aunque seas el más inocente del mundo, por eso se debería exigir la mayor discreción y cuidado con estos temas y la mayor contundencia a la hora de aplicar las penas.

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Pues de esto va esta estupenda y angustiosa película. El linchamiento de un hombre infundadamente acusado de pedofilia por las palabras de una niña mal entendidas por la directora de un colegio que desencadenará una tormenta donde no había nada. Una comunidad que juzga y condena sin más pruebas que el testimonio difuso de una niña manipulada por un psicólogo y por unos padres más proclives a creer en la existencia del delito que en la inocencia de un vecino. Una mentira que se expande, el chismorreo de una pequeña comunidad, ese falso axioma de que los niños nunca mienten,  el miedo que anula toda razón, el desdén a los procesos judiciales, y la creencia de una verdad social absoluta, colocan al protagonista en la marginación. Una comunidad dispuesta a creer en todos los miedos ,en todos los fantasmas antes que dejarse guiar por la razón y por el derecho.

Una película que nos enfrenta con nosotros mismos, mañana podemos ser acusados infundadamente, marginados de la comunidad por un delito que no cometimos, pero mañana también podemos ser la chusma que juzga sin más, que margina, que golpea. Una chusma implacable y violenta, y eso sí que mete miedo.

Una buena e interesante película para ir reflexionando, aunque sean diez minutos mientras cenamos después del cine.

La caza(2013) 

dirigida por Thomas Vinterberg

protagonizada por Mads Mikkelsen, Alexandra Rapaport, Thomas Bo Larsen, Annika Wedderkopp

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