Marienbad

Cuando oigo nombrar a Alain Resnais desenfundo el Deleuze. No sé muy bien a estas alturas si el cine de Resnais merece la pena, si verdaderamente es uno de los grandes o simplemente uno de los muchos silencios que andan por ahí sueltos. Ya sé que  los pedantes , el gafapastismo militante , los críticos fantasmones y unos cuantos más que posan y se autoproclaman de cinéfilos declaran con la fe del carbonero que Resnais es uno de los genios mundiales. Yo a estas alturas aún no sé que pensar.

cropped-annee3.jpgCuando terminó la película todos los que invadíamos aquella clase de Filología francesa donde nos habíamos colado a ver a estos tipos de la nueva ola, nos quedamos con esa cara de no sé qué ha pasado, no he entendido nada, pero ahora de lo que se trata es de poner cara interesante y decir algunas palabras esotéricas para ir de listillos. Aquello del Marienbad nos había dejados bastantes perdidos. El surrealismo tenía una base, La sangre de un poeta,    El perro andaluz o El angel exterminador. Pero aquello del tal Resnais parecía La fiesta de lo maniquíes que cantaban los Golpes bajos pero en mansión del siglo XVIII y con Robe Grillet haciendo lo que más le gustaba, escribir un manual de interiorismo.

marienbad05Una película se repite a lo largo de la vida, y con ella vamos viendo que algunas cosas parecen más claras, hasta que al final sigues comprendiendo que continuas perdido en los pasillos de arañas que cuelgan en voz en off  , en los salones de gestos hieráticos yen unos jardines rectilíneos y abiertos que sin embargo amenazan con transformarse en un laberinto. Marienbad es un misterio o al fin y al cabo sólo esconde una vulgar historia de amor. Un  dos por uno, de marido o amante y otro que anda para robársela, o simplemente un infeliz que juega para perder siempre. Un amor parece más real si se verbaliza en un relato aunque sea atemporal , si se narra como una historia que al final acabamos creyéndonos. No sé si las imágenes refljan un tiempo que fue cargado de promesas de fuga, un tiempo que sólo yace perdido e imaginado en una fotografía, en un vulgar retrato de un jardín en vacaciones. Si sólo un conjunto de retorcidas imágenes nos permiten sentir un amor fruto de la ficción, de un sueño laberíntico. Marienbad aún nos llena de  ese desasosiego de los misteriosos sueños nocturnos. He soñado con Marienbad, con esa mujer  vestida de blanco o vestida de negro, una mujer que mira ausente nuestros encuentros o parece entregarse. He vuelto a los salones de Marienbad a perder en un juego en el que sólo el más avispado gana. No sé si los deshabitados corredores, los desiertos jardines se irán habitando de aquellos sueños, de aquellas promesas que el año pasado, o tal vez ningún año, puedan cumplirse.

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No sé si Resneis es uno de los grandes. No lo sé, nos dejó Marienbad para pensarlo y recordarlo.

El año pasado en Marienbad (L’Année dernière à Marienbad) 1961

dirigida  Alain Resnais

protagonizada por Delphine Seyrig, Giorgio Albertazzi, Sacha Pitoeff, Françoise Bertin,

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