Todos los hombres del rey

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La demagogia y el populismo como armas políticas

Confieso que la densa obra de Robert Penn Warren la leí a empellones, de salto y avance, esquivando la moralina, las interrogaciones sobre el origen del mal, sobre la imperfección de la naturaleza humana o esa ambigüedad sobre la demagogia como forma de la política. Si aprecio la obra del puritano del sur es por sus consecuencias y no me refiero a esa cochambrosa versión del 2006 de Steven Zaillian, con un sobreactuado Sean Penn, no, sino por esa gran película que en España se conoce como El político, dirigida por el gran Robert Rossen director de Cuerpo y alma o El buscavidas. Rossen dejando atrás toda la filosofía de la novela de Warren, se centra en la figura de ese garrulo bien intencionado que acabará entrando en política.
politico 5Estamos en 1949, sólo hace cuatro años que ha terminado la Segunda guerra mundial, hace cuatro años que la humanidad contemplaba con horror los campos de concentración en los que un visionario en nombre del pueblo y con la demagogia, el populismo y el nacionalismo como armas había logrado arrastrar al pueblo alemán hacia la destrucción. Hace sólo cuatro años que las democracias vencieron a esa utopía revolucionaria del fascismo. Rossen con su película parece advertirnos del peligro de unos tipos que siempre aparecen en épocas de crisis con su populismo, con su demagogia, con su nacionalismo para agarrar con fuerza a una masa, que con más miedo que vergüenza, afronta un futuro incierto.

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La prensa aupando a los demagogos

Rossen elabora una magnífica película, mostrándonos a Willie Stark, un tipo de pueblo que pretende entrar en política cargado de buenas intenciones y que pronto choca con un aparato corrupto que le utiliza. Es el momento de la transformación de un tipo honrado en el líder de una maquinaria demagógica que alcanzará el poder y con él la corrupción más absoluta.
En la película de Rossen no caben ni ambigüedades ni redenciones. Willie Stark es el personaje negativo que usa la política en beneficio propio, el populista y el demagogo que utiliza todas la artes, lícitas e ilíctas, para triunfar y mantenerse en el poder. Pero como bien señala el título de la novela, en esa degeneración de la política también tienen un papel destacado esos hombres y mujeres que rodean a Stark y que forman parte de su  corrupta corte.
Allí está la vieja política, con su falsa democracia dominada por unos cuantos caciques locales, con una prensa afín y unos poderes económicos que les apoyan. La vieja política que pronto se avendrá con el tirano para mantener sus privilegios.
Las clases sociales acomodadas, que a fuerza de vivir en una especie de burbuja, más allá del bien y del mal, se han acostumbrado a mirar para otra parte, una clase social que cargada de mala conciencia también acabará cayendo en la órbita de Stark.
La prensa, como catapulta de un tipo que en principio es una noticia más que vender y que al final se actúa a su servicio, la demagogia, el populismo el nacionalismo, las utopías revolucionarias, fascismo y comunismo, han existido y existen por el poder de difusión de los medios de comunicación, muchas veces simplemente como un objeto más que vender a un público hastiado de viejas fórmulas. Stark aprende pronto que si quiere triunfar debe dominar y controlar la prensa.
Y el pueblo, convertido en masa amorfa e indefensa, el pueblo que lejos de asumir los valores críticos de la ciudadanía democrática se deja arrastrar por el primer mesías con promesas de tierras prometidas que, al final, sólo son desiertos y sueños nuevos que no son más que las viejas pesadillas de siempre. Un pueblo incapaz de asumir una conciencia crítica que sepa defender la libertad.
Rossen realiza, posiblemente, una de las mejores películas de tema político, una película intemporal, una película que, ahora más que nunca deberíamos tener en cuenta. La demagogia, el populismo, el nacionalismo nunca han sido la solución, Auschwitz, los gulag, las dictaduras siempre vinieron disfrazadas de buena voluntad.

Magnífica película con un excelente Broderick Crawford.

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La masa dispuesta a seguir a cualquier mesías

El político (All the King’s Men). 1949
dirigida por Robert Rossen.

Con Broderick Crawford, Mercedes McCambridge, John Ireland, Joanne Dru, John Derek, Shepperd Strudwick

 

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