Domingo de Carnaval

 

Miguel Mihura, López Rubio y Edgarn Neville, pertenecientes a esa otra Generación del 27

Miguel Mihura, López Rubio y Edgarn Neville, pertenecientes a esa otra Generación del 27

En los tiempos convulsos que les tocó vivir, la nostalgia, lejos de ser un pecado, o una fuga, se convirtió , casi, en una necesidad. El mundo de la guerra primero, y de la gris posguerra después, obligaba a buscar mundos apartes, íntimos,personales, alejados de la barahúnda de desfiles y procesiones,   de una realidad chata y antipática con más himnos que lirismo y más tragedias que humor.  Huir al  mundo  de un pasado más amable y alegre en el recuerdo,  buscar la fuga hacia  mundos fantásticos,  huir a través del humor que modificaba la visión de aquella sociedad cargada de oscurantismo y gravedad era una necesidad.

Con Chaplin durante el rodaje de Luces en la ciudad, donde Neville hacía un papelito de policía

Con Chaplin durante el rodaje de Luces en la ciudad, donde Neville hacía un papelito de policía

Edgar Neville era una aristócrata madrileño que gustaba de los cafés cantantes y flamencos, de las tertulias de la Granja del Henar o de Pombo, ramoniano convencido, amigo y discípulo de Ortega, en la Revista de Occidente, humorista renovador del 27  , diplomático y viajero a Hollywood , amigo de Chaplin. Novelista , dramaturgo, director de cine en los últimos años de la República. Fugado del Madrid frentepopulista. Propagandista del bando nacional. Director de un cine personal y renovador, dramaturgo de éxito, articulista. Neville en definitiva era Neville, cosmopolita, castizo y dandy.

Edgar Neville pertenece a ese grupo de escritores que siendo liberales estuvieron en el bando franquista. La historia de aquellos años es complicada y solo los tontos la pueden reducirla a simplezas o al vacío maniqueísmo. Neville saludó con alegría la llegada de la República, como Ortega, pero pronto se van decepcionando, la violencia, la intransigencia, el sectarismo, el odio, le hacen huir del Madrid frente populista y más tarde unirse al bando franquista. Aquel grupo de escritores de La Ametralladora ,Tono, López Rubio, Mihura, Jardiel, Herreros, y el propio Neville tendrán que ir buscando un hueco, una vía de escape en medio de aquella sociedad cargada de cursis, beatas, sacristanes, y tipos grandilocuentes  con corses en el alma. La Codorniz  ofrecía un nuevo humor y con él una nueva visión de la vida. La Codorniz , dirá Mihura,nació para tener una actitud sonriente ante la vida; para quitarles importancia a las cosas, para tomarle el pelo a la gente que veía la vida demasiado en serio; para acabar con los cascarrabias; para reírse del tópico y del lugar común; para inventar un mundo nuevo, irreal y fantástico y hacer que la gente olvidase el mundo incómodo y desagradable en que vivía. Para decir a nuestros lectores : no se preocupen ustedes de que el mundo esté hecho un asco . Vamos a olvidarlo y a procurar no enredarlo más. (..) Nos vamos a reír de los señores serios y barbudos que siempre están buscándole los pies al gato y y dando la lata. El humor de esta generación era evasivo, absurdo, atacaba a esas gentes que lo hacían antipático con su actitud negativa y malhumorada. Atacaban las viejas y ridículas costumbres que cargadas de tópicos y maledicencias se entrometían en las vidas ajenas intentando igualar a todos en su vulgaridad. Los pesados y cursis eran sus principales enemigos. Se trataba de triturar una civilización burguesa y falsa que traía renqueando un siglo de cursilería y de convenciones, atado a los faldones del último chaquet (..) Sátira de de las novelas románticas, de los folletines, de los sonetos a la rosa de té, de las visitas de cumplido, de María o la hija de un jornalero, de los señores con barba y chistera, sátira del ingeniero que se casa con la mocita de Arenales del Río, sátira del niño modelo, del famoso Juanito y del imbécil de su padre . Declaraba el propio Neville en el diario El Español, en 1944. Jardiel parodiaba los dramones románticos en verso en Angelina o el honor de un brigadier, o las novelas de mujer fatal en Usted tiene ojos de mujer fatal, o en sus novelas Amor se escribe sin H, o en Espérame en Siberia vida mía. Parodia de una sociedad cargada de estupidez, humor evasivo frente a la grisura de una época llena de posguerra y miseria. Neville huyó hacia una pasado que le era más complaciente, ese mundo de la belle epoque, de los misterios, del Madrid sainetero, de ciudades fantásticas en el subsuelo de la capital, urbes aún humanas en vías de desintegrarse, el flamenco, la crítica  estúpida vida en provincias. La nostalgia, la vuelta al pasado era una vía de escape más.
Estos escritores que ganaron la guerra, se vieron instalados en la contradicción, atrapados en un mundo que no era el suyo, pertenecían a una clase que tampoco estaba incómoda del todo en el régimen, lo soportaban y lo burlaban como podían. La España alegre y faldicorta se convertiría en la verdadera revolución pendiente. Frente a la España de beatas, de  sacristanes, de la censura, de los tipos uniformados y permanentemente cabreados, de generalotes con bigotillo y tipos desagradable, en un paisaje de permanente niebla sólo  la fuga quedaba como única posibilidad. No cabía la crítica directa contra esa realidad, y entonces el humor venía a dar una visión negativa de aquellos tipos que poblaban el paisaje franquista: son los dibujos de la Codorniz de esos individuos graves de las barbas, los ramones y sus familias de La vida en un hilo, los covachuelistas, las niñas cursis y ejemplares dando la murga al piano. Esta generación abrió el camino  de Berlanga, Azcona de Fernando Fernán Gómez,  que pondrían una nota , una mueca, de disconformidad con aquel mundo, y ponían la mala leche que le había faltado a esa otra generación del 27.

Eduardo Ugarte, Laurel y HArdy, López Rubio y Edgar Neville en el Hollywood de los años treinta

Eduardo Ugarte, Laurel y Hardy, López Rubio y Edgar Neville en el Hollywood de los años treinta

Si algo ha caracterizado el humor de Neville es su inmensa humanidad, frente al humor deshumanizado y mecánico de algunas vanguardias, para Edgar Neville el humor siempre era profundamente humano. En su obra lo que más interesan son los personajes, las estampas, la ciudad cargada de humanidad, incluso en la crítica a aquellos personajes que detesta siempre hay un aspecto casi amable, humorístico cargado de crítica pero benevolente .

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Un policía y un Watson castizo aficionado a las novelas de Nick Carter

Domingo de carnaval ha sido criticada por su endeblez argumental. Cierto, la trama policiaca que la sustenta es bastante floja. Pero sin embargo es casi lo que menos nos interesa, junto a ella los personajes destacan por sí mismos, las escenas urbanas de carnaval, de los vendedores, del Rastro, del teatro Novedades, de las corralas de vecinos, incluso sobre los delincuentes hay una cierta mirada simpática, exótica y madrileña. Neville muestra una colectividad que sobrevive a sus penurias, a un acontecer diario cargada de optimismo y alegría. Una mirada sobre unos personajes que acaban cautivándonos.

El carnaval madrileño con aire solanesco

El carnaval madrileño con aire solanesco

Neville hace del color local algo universal. Su humor sainetesco, es renovado frente a un pasado costumbrista de tópicos y chistes gastados, y hace de las formas sainetescas un aparato cargado de elegancia popular, la chispa de los seres humanos que pueblan las calles de la villa, los barrios y las corralas, sus discusiones, sus desavenencias, pero también su solidaridad si hace falta. Madrid se dibuja como la urbe amable frente a una realidad de posguerra que no lo es tanto. A veces las películas de Neville sin querer ser contestatarias, lo son en cierta manera. La visión de Madrid de Domingo de carnaval en sí mismo choca con el momento en que se rueda. El franquismo había prohibido el carnaval, y era impensable un pueblo cargado de la confiada alegría que  muestra la película. Hay un clima confiado y alegre en una ciudad que hace la vida en la calle. Ahí aparecen los personajes que poblaban Madrid, los charlatanes del rastro, con su verborrea y sus ungüentos mágicos, el carterista, los niños, el sereno que avisa a los vecinos por las mañanas y vigila por la noche, las vendedoras del rastro, las vecinas que todo lo saben. Personajes que en su lucha diaria por la supervivencia no abandonan la alegría. Pero Domingo de Carnaval se sustenta también en una trama policíaca que  parece una excusa para pasearnos por ese Madrid carnavalesco con aire de expresionismo solanesco combinado con el costumbismo sainetesco. Mostrarnos los disfraces, las máscaras, el Teatro novedadesen una ciudad que ríe y canta.  Para resolver esa trama nos encontramos a un policía ayudado por un vecino que lo sabe todo y que además es fiel seguidor de Nick Carter ,el detective de las novelas baratas, y que como un Watson castizo ayuda en los primeros momentos al policía. El comisario de policía que se niega a hacerse cargo del caso porque estos crímenes son sencillos de afrontar, si el delincuente es tonto se le acaba atrapando y si es listo no se coge nunca y al poco tiempo se olvida todo , y  para eso se ha pedido unas vacaciones para disfrutar del carnaval y no de asesinatos de poca monta. La banda de malhechores, con mujer fatal francesa, señorito calavera español y Don Juan, que más nos llenan de simpatía que otra cosa. Y como no, una historia de amor que nunca puede faltar en una película entre vendedora del Ratsro y policía

Domingo 2

El componente de misterio no es la primera vez que Neville iba a usar el misterio policiaco en sus películas, lo había tratado en La torre de los siete jorobados, y posteriormente a este Domingo de Carnaval, en la mejor construida El crimen de la calle de Bordadores. Aunque en todas ellas predomina ese ambiente sainetesco, de cuadros y personajes madrileñísimos, estampas de una época en que la vida parecía más agradable.

dominog 9

Conchita Montes y Julia Lajos, dos actrices frecuentes en el cine de Edgar Neville

Domingo de carnaval1945

dirigida por Edgar Neville.

Con Conchita Montes, Fernando Fernán Gómez, Guillermo Marín, Julia Lajos, Juanita Manso,

Guillermo Marín en su papel de señorito calavera y golfo

Guillermo Marín en su papel de señorito calavera y golfo

 

 

 

 

 

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