La mirada de Ignacio Aldecoa.

Ignacio Aldecoa

Ignacio Aldecoa

Hay siempre una deuda literaria que los lectores vamos almacenando y que deberíamos ir pagando. Tal vez  esta deuda no sólo sea con Ignacio Aldecoa sino que  se extienda a toda la llamada Generación de los cincuenta, que en cierta medida hemos ninguaneado en nombre de ciertas modernidades, y que muy posiblemente los jóvenes de hoy , atraídos por otros cánones de escritores más en boga,  solo vean en sus relatos o novelas testimonios de aquella España de la berza, gris, miserable y sórdida , en permanente posguerra civil.

Mi afición al boxeo me llevó hasta Ignacio Aldecoa,  su relato Young Sánchez  me descubrió un escritor que sabía manejar esos paisajes que enmarcan y perfilan a los personajes como nadie. Los detalles, los instantes precisos son descritos con tal maestría que tienen la fuerza de la mejor imagen cinematográfica. En Aldecoa descubrí uno de los grandes escritores de la segunda mitad del siglo veinte.  Aldecoa sabe retratar con gran maestría a un conjunto de gentes atrapadas en medio de circunstancias desfavorables. Los pobres, los inmigrados del campo, los obreros de las periferias de las ciudades, los pescadores que luchan contra los elementos, las mujeres de la guardia civil en angustiosa espera, los fugados por los campos, incluso la burguesía atrapada en su mundo asfixiante carente de valores morales. La soledad, la marginación, la falta de esperanza de las clases populares en medio de un orden social y económico injusto dominan la narrativa de Ignacio Aldecoa, que desgraciadamente murió demasiado joven. El neorrealismo italiano , el existencialismo, las corrientes que recorren y aún perduran en nuestra época se encuentran en la narrativa de esta generación y especialmente en Aldecoa. Leer sus relatos es sentirse muchas veces transportados a una pantalla de cine, De Sica, Visconti, Rosselini, o ese novelista olvidado y que Aldecoa publicó en la Revista España, Cesare Zavattini el guionista de Ladrón de bicicletas, Milagro en Milán o Umberto D. Pero también asoma en sus relatos la sombra del realismo de Baroja o de Solana.

Junto a Young Sánchez, el gran libro de boxeo de Aldecoa es Neutral Corner, con fotografías de Ramón Masats publicado en 1962.  Se trata de un libro fragmentario que traza el recorrido de un boxeador desde su inicio en el entrenamiento hasta el último momento de su derrota final en un combate. Textos que van desde lo poético, a lo descriptivo.  Desde la interiorización de los sentimientos, a los estados de ánimo. La pelea, los momentos de descanso en ese minuto entre asalto y asalto, los golpes, los olores , las sensaciones, hasta la crónica final de los periodistas testigos del combate.  Desde esa esquina neutral, Aldecoa nos invita a mirar como testigos privilegiado ese otro lado del boxeo . Ese otro lado que sólo la mirada de un excelente escritor como Aldecoa puede mostrarnos.

Fotografía de Ramón Masat de Neutral corner de Ignacio Aldecoa

Se golpearán, fiera, deportivamente. Sangrarán, sufrirán, serán dañados, padecerán la larga noche del ring tras la gloria.Fotografía de Ramón Masat para Neutral corner de Ignacio Aldecoa

Young Sánchez :Tal vez en el fondo este no sea un relato sobre el boxeo, sino sobre la propia existencia de todos los hombres miserables del mundo, de aquellos hombres que sueñan con salir de una barriada, de un mundo que los mantiene encerrados en una trampa que les arrastra hacia el abismo. En este relato no hay escenas de combates ni gloria, ni derrota. El fracaso y el deseo de huída está inmerso ya en toda la narración. Paco, Young Sánchez, recorre su mundo: el gimnasio, el barrio, la familia, los bares y tabernas donde se reunen los excampeones o los aspirantes como él. Paco se situa en los días previos de lo que pudiera ser el principio de la escapada o seguir en medio de esa nada diaria de la miseria.
El mundo de Paco es un mundo cerrado, sórdido, donde todo huele a un viejo fracaso destartalado. El aire enrarecido donde las sombras aún son capaces de soñar con una cierta esperanza en medio del paisaje gris que les dibuja.
El puching era como un avispero, lo había pensado muchas veces. La mesa de masaje tenía la huella de un cuerpo, hecho con muchos cuerpos. Sobre el ring colgaba una bombilla de pocas bujías. El suelo era de tarima; debía de haber ratas de seis onzas bajo las tablas. Encajó el puño derecho en el cuenco de la mano izquierda y se fue acercando al ring.
Una lona en el suelo y cuatro postes sosteniendo doce sogas forradas. Oía el chasquido de los guantes golpeando. Los guantes viejos suenan más que los nuevos. Los guantes viejos a veces cortan como navajas de afeitar, a veces levantan la piel como navajas desafiladas. Los guantes viejos infectan los cortes o hacen que en los rasponazos de la piel surjan puntitos de pus.

Fotografía de Ramón Masats para el libro Neutral Corner de Ignacio Aldecoa

Todas las tardes de seis a nueve se despliegan las sombras. Los chicos del boxeo, olvidado el tajo, llegan al gimnasio; se desnudan y se visten; se quitan las ropas de menestrales y se ponen los jirones de entrenamiento. Depués se ajustan las sombras: primero como unas monstruosas espuelas silentes que arrastran por el suelo, al fin como proyección del enemigo, escurridizo y diabólico. Neutral Corner de Ignacio Aldecoa

En medio de ese paisaje desolado, nadie escapa a un presente que parece anunciar un futuro poco halagüeño.
El maestro andaba algo encorvado. Si subiera las manos cubriéndose podía parecer que estaba en el ring. Había sido un buen boxeador. Nada demasiado importante, pero había peleado en París, en Londres… Fue a la Argentina… Había sido figura. Se defendía dando clase de gimnasia en dos colegios de frailes y con el gimnasio. Era un buen hombre, un poco amargado porque la gente de su gimnasio no tenía suerte. Les robaban las peleas… No, no las robaban… En el gimnasio apenas había gente que valiera la pena .

Fotografía de Ramón Masats para el libro Neutral Corner de Ignacio Aldecoa

Fotografía de Ramón Masats para el libro Neutral Corner de Ignacio Aldecoa

Paco nos va mostrando los diferentes ambientes, la fábrica, el aire irrespirable, cargado de miserias, de su familia sin esperanza, el barrio con sus tabernas, sus amigos. Paco, Young Sánchez, es un poco la esperanza de todos ellos, saben que de vencer podrá ir abriéndose camino que le saque de aquellos ambientes. Allí en medio de todo la figura del padre que por primera vez parece poder sacudirse el polvo de la derrota.
Se sabía una esperanza y un asidero de algo inconcreto que siempre había rondado el corazón de su padre; un deseo de estima, un anhelo de fama, una gana de que se le tuviera en cuenta. Le había oído muchas veces contar cosas de la guerra, vulgares, quitándoles importancia de una manera que parecían tenerla; y se percataba perfectamente de que en el padre había latente una congoja, nacida de la indiferencia de los compañeros, de los amigos, de los vecinos. Ahora el padre se tomaba la revancha.
Paco se reconoce como esa esperanza pero en medio de ellos, la soledad se va imponiendo. Va a combatir, pero está solo, las plabras de sus amigos, los ánimos, la euforia, todo no vale nada. paco sigue viéndose en medio del fango, en medio de un mundo que no es muy alentador. Un tren de segunda, un hotel de segunda tal vez para un boxeador de segunda. Paco, Young Sánchez, en aquel cuartucho con el segundo entrenador, siente el miedo, un miedo que por un momento parece atenazarle. Hasta que todo empieza. Young Sánchez es más que un púgil.
Paco se quitó la bata y se la puso por los hombros. Después se calzó los guantes. Volvió a saludar con el puño enguantado cuando el speaker dio su nombre y su peso.
No tenía miedo. No sentía el cuerpo. Los llamó el árbitro al centro del ring. Les hizo las recomendaciones de costumbre y encareció la combatividad: eran profesionales. Volvió cada uno a su rincón.
«Tengo que ganar», pensó. Abrió la boca y el segundo le colocó el protector. «Tengo que ganar —pensó— para ellos. Tengo que ganar este combate para mi padre y su orgullo, para mi hermana y su esperanza, para mi madre y su tranquilidad. Tengo que ganar».
—Haz lo que te he dicho —dijo el segundo.
Entonces sonó la campana y se volvió. Estaban esperándole.

Young Sanchez (esp) 02Mario Camus es el responsable de la adaptación de tres obras de Ignacio Aldecoa, Con el viento solano ( 1965) Los pájaros de Baden Baden ( 1975), y esta adaptación de Young Sánchez  de 1963 que es el primer relato que adapta del escritor vitoriano, y su tercera película.
Camus hace cambios trascendentales que modifican la intención del relato de Aldecoa. Situa la acción en Barcelona en lugar de Madrid, pero sobre todo construye una historia bastante más convencional que el magnífico relato inspirador. Camus construye una historia más en línea con las películas de boxeo al uso. Chico pobre que boxea con el fin de salir de la vida de miseria que lleva, que atado a un promotor que apenas si es capaz de conseguirle buenos combates, es tentado por un medio hampón que utiliza a los boxeadores hasta que le son útil. Young se mueve entre la fidelidad a sus amigos del gimnasio, su entrenador y su promotor o irse con el hampón y ganar un buen dinero, a pesar de la imagen negativa.
young sanchezLa película recoge algunos temas del cine hollywoodense, si bien hay que agradecer que Camus no se implica moralmente en la historia y los personajes actuan sin más consideraciones que la lucha por la supervencia. Bien ambientada mostrando  la sordidez que muestra el relato los ambientes pugilísticos o los ambientes familiares y del barrio cargados de miseria. Una buena película.

youngYoung Sánchez. 1963

dirigida por Mario Camus.

Con Julián Mateos, Luis Romero, Carlos Otero, Sergio Doré, Consuelo de Nieva

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